No tiene playa, pero es uno de los mejores lugares de Mallorca para visitar antes de que llegue el frío

Aunque durante los meses estivales todos estuvimos deseando «un verano lento», la estación más esperada del año ha llegado a su fin. Eso sí, para seguir cantando la canción de Carlos Sadness o utilizarla en más videos y post de redes sociales, solo hay que buscar uno de esos lugares en los que el frío todavía no haya llegado. Rincones en los que se resisten a la rutina aburrida y en donde el sol sigue calentando lo suficiente para no tener que hablar de abrigos.
Uno de los mejores destinos para seguir sintiendo que el verano continúa (aunque el calendario diga otra cosa) es Mallorca. Con unas temperaturas suaves y un ambiente más relajado que en las ciudades de la península, donde ya todo son carreras, y que en verano, cuando aquí es una locura de ir y venir de gente, la isla balear todavía invita a parar, relajarse, tomar el sol y cenar en una terraza.
Eso sí, no solo la playa nos sabe a verano. El interior también cuenta con maravillas que en estas fechas son muy apetecibles y que cumplen todos los requisitos de escapada perfecta para poner un broche de oro a las vacaciones.
Un pueblo con mucha personalidad
Rodeado de montañas entre las que destacan sus valles de naranjos y un paisaje Patrimonio Mundial por la UNESCO, Sóller presenta una imagen muy diferente a la de la Mallorca más ligada al sol y mar. El centro del pueblo gira alrededor de la Plaza de la Constitució, siempre animada y presidida por la iglesia de Sant Bartomeu, cuya fachada modernista es una de las imágenes más reconocibles de la localidad.
A su alrededor se suceden cafés, terrazas y edificios que recuerdan la época de prosperidad que vivió el pueblo entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Muchos sollerics emigraron entonces a Francia y, al regresar, trajeron nuevas ideas, gustos y una arquitectura que todavía hoy da carácter a sus calles.
Llegar también forma parte del viaje
Una de las formas más especiales de llegar a Sóller es hacerlo en su famoso tren histórico desde Palma. Inaugurado a comienzos del siglo XX, mantiene sus vagones de madera y recorre un trazado que atraviesa la Serra de Tramuntana entre túneles, viaductos y paisajes que van cambiando y sorprendiendo.
Durante siglos, el aislamiento geográfico de Sóller ayudó a crear una identidad muy marcada. Rodeado de montañas, el valle encontró en los cítricos uno de sus grandes motores económicos y todavía hoy los naranjos y limoneros forman parte inseparable del paisaje. Su presencia se nota también en la gastronomía y en muchos productos locales, desde salados a dulces.
Y sí… la excursión puede terminar junto al mar
Desde Sóller, el viaje puede continuar hasta el Port de Sóller en su histórico tranvía, otra de las imágenes más conocidas de esta parte de Mallorca. El trayecto es corto, pero sirve para unir en pocos minutos el ambiente de montaña con el Mediterráneo.
El puerto conserva una agradable zona de paseo, restaurantes y terrazas frente al mar. Aquí todavía queda una última forma de estirar la temporada: pasear junto al mar con un helado en la mano y dejarse calentar por un sol que sabe a agosto, aunque el otoño ya figure en el calendario.