Viajes

El paraíso del verano está en Levante: playas, tradición pesquera y rincones de ambiente medieval

Si pensabas que en la costa mediterránea es imposible encontrar lugares que sorprendan, te vamos a demostrar que todavía quedan algunos rincones sin masificar y que permanecen anclados en el tiempo. Y en la provincia de Tarragona tenemos uno muy especial que te va a encantar. Se trata de Altafulla, una pequeña localidad con un casco histórico repleto de calles estrechas y empinadas donde podrás sumergirte en plena Edad Media sin tener que renunciar a la playa.

Altafulla, donde el mar se funde con el ambiente medieval

Altafulla cuenta con todos los requisitos que hacen especial a un pueblo costero: un precioso casco histórico, un castillo y un paseo marítimo con pintorescas casitas. Eso sí, para adentrarte en el corazón de Altafulla tendrás que dejar atrás la playa y dirigirte a la parte alta, donde se encuentra la Vila Closa, el antiguo núcleo medieval amurallado.

Vila Closa, el centro histórico

En un recorrido por calles escalonadas, con subidas y bajadas de cuestas, irás encontrando edificios históricos, la mayoría construidos durante el siglo XVIII. El paseo por Vila Closa conduce hasta la iglesia de San Martín, de fachada barroca, que junto con el castillo de los Montserrat (conocido también como el castillo de Altafulla) conforman el perfil del pueblo. De titularidad privada, se puede visitar solo en fechas concretas cuando no reside la familia propietaria. Y aunque Altafulla es un claro ejemplo de monumentalidad, lo que más sorprende de esta villa costera es el precioso escenario que forman sus infinitas escaleras, las fachadas señoriales y la atmósfera tranquila y elegante que desprende todo el centro histórico en su conjunto.

Uno de los lugares más emblemáticos de la Vila Closa es la Plaza del Pozo. Con su encanto medieval, alberga el edificio del Ayuntamiento y se encuentra rodeada de casas señoriales que recuerdan la época de esplendor que vivió este pueblo.

El encanto marinero de Les Botigues de Mar

Este pintoresco barrio, que en el siglo XVIII se levantó junto al mar, conserva sus características casitas blancas con algunas ventanas pintadas de azul. Y era aquí, en primera línea de playa, donde en aquella época, los comerciantes guardaban las mercancías y los pescadores las redes. Hoy, muchos de esos almacenes han sido reconvertidos en alojamientos o restaurantes. Es un lugar ideal tanto para el terraceo, como para disfrutar de un relajante paseo con vistas espectaculares a Vila Closa.

Playa con vistas al castillo

Junto a este paseo se encuentra la playa de Altafulla, un arenal de aguas transparentes y tranquilas con preciosas vistas al casco histórico y al castillo de los Montserrat. Pero esta no es la única fortaleza que se divisa desde la playa. Uno de los mejores planes es caminar atravesando la zona de dunas hasta llegar al castillo de Tamarit, de origen medieval y rodeado por una muralla, ofrece una de las imágenes más reconocibles de la Costa Dorada. Se encuentra a pie de playa, justo en el límite donde termina la localidad de Altafulla.

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