Viajes

Escapada al destino con la perfecta combinación entre la tradición vasca y la elegancia francesa

A la sombra de la vecina Biarritz, que primero fue el destino preferido de los aristócratas de la época que siguieron a Eugenia de Montijo y hoy es un paraíso para surfistas (los más elegantes, por supuesto), Bayona ha pasado desapercibida, lo que ha logrado que aumente su encanto y que, todavía hoy, siga siendo una de las grandes sorpresas que nos tiene guardado el País Vasco francés.

Situada a solo 40 km de la frontera, Bayona es uno de los lugares con más encanto del sur de Francia

Está situada a tan solo 40 kilómetros de la frontera, entre los últimos coletazos verdes del Pirineo y las larguísimas playas del Atlántico. Por eso siempre es buen momento para pasarse por Bayona y perderse entre sus pintorescas calles llenas de color.

Patrimonio de la Humanidad

El río Nive separa el casco histórico de Bayona en dos barrios: Grand Bayonne y Petit Bayonne, pero también nos da la oportunidad de disfrutar de una de las vistas más bonitas de la ciudad, sin importar en la orilla que estés.

Grand Bayonne es el centro histórico más clásico y elegante. Aquí es donde se encuentran algunos de los monumentos más destacados de la ciudad, como la majestuosa catedral de Sainte-Marie. Se trata de una de las etapas más señaladas del Camino de Santiago Francés y está incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Rodeando este impresionante templo de estilo gótico, un laberinto de calles empedradas invita a pasear despacio y sin olvidar mirar hacia arriba para no perderse detalle de las fachadas con entramado de madera y colores vivos. La Plaza Louis Pasteur o Les Halles de Bayonne, el mercado cubierto en el muelle del río Nive, son dos puntos que sí merece la pena buscar en el mapa y pasar por ellos.

Al otro lado del río, Petit Bayonne es un barrio más tranquilo, aunque también tiene su encanto y sus visitas imprescindibles, como la sede del Museo Vasco o los pequeños talleres artesanales que le dan al barrio ese aire bohemio con el que enamora a los visitantes.

El arte de irse de tiendas

Cualquier excusa es buena para detenerse ante un escaparate, pero en Bayona lo ponen más fácil todavía. Muchas de esas pequeñas tiendas que jalonan el casco histórico tienen una larga historia y tradición. Por eso es fácil encontrar pequeñas placas en las que detallan parte de esa historia o alguna anécdota sobre el establecimiento o el edificio que la aloja. Imprescindible buscar la que nos indica cuál es la casa más antigua de la ciudad, un edificio que data de la Edad Media y cuyo entramado de madera delata un poco su origen.

Al pasear por Bayona siempre llama la atención la cantidad de pastelerías que hay, así como lo preciosa que es su decoración

Al pasear por Bayona siempre llama la atención la cantidad de pastelerías que hay, así como lo preciosa que es su decoración. Así, no es de extrañar que la ciudad sea conocida como la cuna del chocolate en Francia. Una tradición que empezó cuando los judíos sefardíes introdujeron el arte de trabajar el cacao en el siglo XVII.

La fiesta del jamón

Pero antes de dejarse llevar por los instintos más golosos, es aconsejable probar el otro gran producto de la ciudad: el famoso jamón de Bayona. Aunque no compite con un jamón ibérico de bellota, este producto local tiene su propia Denominación de Origen y es motivo de orgullo para la ciudad e incluso protagonista de una gran fiesta en su honor que también merece la pena apuntar en el calendario. Se lleva celebrando desde 1462 y este año tendrá lugar a mediados de abril. Por si necesitabas una idea para decidir ya cuándo vas a ir.

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