La advertencia del arquitecto Jordi Martí, sobre el uso de toldos verdes para el calor: «es como tener un radiador en la ventana»

Son una seña de identidad de nuestro país. Cientos de barrios obreros de la periferia de ciudades como Madrid (San Blas, Moratalaz), Barcelona (La Verneda, Nou Barris), Valencia o Sevilla visten sus bloques de edificios con toldos verdes que ganaron popularidad en los años 60, con el boom de la construcción, y sirvieron durante mucho tiempo —y aun hoy todavía lo hacen—, como una herramienta fundamental para mantener las casas frescas en verano. O, al menos, eso es lo que creíamos hasta ahora.
El arquitecto técnico Jordi Martí asegura que usar toldos en este color no es la mejor idea. «No funciona bien», sentencia, aunque valora que «podría ser mucho peor». Pero empecemos por el principio: ¿Cómo surgieron estos toldos?
El origen de los toldos verdes
En los años sesenta, miles de viviendas se levantaron rápidamente para acoger a una población en plena migración del campo a la ciudad. Eran bloques funcionales, sin lujos, pensados para trabajadores y clases populares que buscaban prosperar en las grandes urbes.
Ante la falta de sistemas de climatización y el fuerte impacto del sol de muchas regiones españolas, el toldo se convirtió en una necesidad. Pero, ¿por qué verdes? Los de color verde se impusieron por ser baratos, resistentes y fáciles de conseguir: el lona verde botella era un material muy común en la época. Además, este verde botella resultaba más resistente a la decoloración solar que otros colores claros, además de ofrecer mejor protección frente al calor.
Tal fue el éxito de este color, que en algunos barrios madrileños del centro como Chamberí o El Retiro, algunos ayuntamientos y juntas municipales llegaron a imponer reglas de uniformidad cromática, para evitar que cada vecino pusiera un toldo de un color distinto.
El arquitecto Jordi Martí, cree, además, que quizás estos toldos han sido tan populares porque «en las ciudades vivimos con la ilusión de ver algo verde» pero reconoce que podría ser también porque sabemos que «los colores oscuros absorben mucho mejor el calor». Sin embargo, se detiene en este último argumento para desmontar esta creencia acerca de los toldos.
No es tan refrescante como creíamos
Martí señala que optar por lonas de color oscuro —como el clásico verde botella— puede ser incluso contraproducente. El problema está en la física del color. Los tonos oscuros, explica, absorben gran parte de la radiación solar, lo que hace que el propio toldo se caliente como si fuera un radiador colocado frente a la ventana. Lejos de actuar como barrera térmica, ese calor acumulado acaba irradiándose hacia el interior de la vivienda, elevando la temperatura en lugar de disminuirla.
El arquitecto aclara que, aunque cualquier toldo siempre será mejor que no tener ninguno, el modelo tradicional no es la solución más eficiente. En muchos casos, estos toldos oscuros generan una bolsa de calor bajo la lona que luego se transmite a través del vidrio o los muros, sin dejar espacio para una correcta ventilación.
¿Qué alternativas hay?
Como alternativa, propone un diseño de toldo más inteligente y adaptado al clima actual: una lona de doble capa, en la que la cara exterior sea clara o reflectante —capaz de devolver gran parte del sol— y la interior tenga una función más absorbente o decorativa. Esta configuración ayudaría a reducir significativamente la entrada de calor y mejoraría la eficiencia energética de los hogares.
«Los toldos funcionarían mucho mejor si fueran reflectantes por la parte superior. Si utilizamos telas finas y blancas, el problema es que la radiación directa se bloquea menos que un toldo oscuro, por lo que tampoco es ideal», explica.
Además, Martí reivindica el valor de la sombra natural. Frente a soluciones artificiales que calientan más de lo que enfrían, el arquitecto destaca el papel de los árboles y plantas. «Un árbol es la mejor protección solar que existe», asegura. Las hojas permiten el paso de aire, evaporan agua y, a diferencia del toldo, no irradian calor acumulado, sino que refrescan de forma activa el entorno.