Pablo Gil, economista, alerta de una «asfixia lenta» por la deuda y pide no confiar toda la jubilación al sistema público: «Es un problema gordo»

El economista y analista financiero Pablo Gil advirtió de que el aumento de la deuda pública y el envejecimiento de la población están convirtiendo la sostenibilidad de las pensiones «en uno de los grandes retos económicos de las próximas décadas».
Gil reunirá mañana sábado 17 de octubre en Madrid a expertos en economía, inversión, inteligencia artificial, vivienda, fiscalidad y nuevas formas de inversión en el encuentro ‘Invertir en el mañana’, que celebra en Kinépolis Madrid con asistencia de más de un millar de personas.
Para Gil, la deuda pública es uno de los principales riesgos que afrontan las economías desarrolladas. «Yo creo que es un problema gordo, pero también soy consciente de que no actúa de catalizador inmediato. Esto es una especie de asfixia lenta», dijo horas antes del evento.
Para el economista, los Estados atraviesan un momento en el que necesitan emitir cada vez más deuda al tiempo que aumenta el coste de financiarla. A su juicio, la cuestión adquiere especial relevancia en España por el incremento previsto del gasto asociado al envejecimiento.
En este sentido, recordó que la AIReF calcula que el gasto neto en pensiones representará de media el 13% del PIB entre 2022 y 2050 y advierte de que el cumplimiento formal de la actual regla de gasto en pensiones no garantiza por sí mismo la sostenibilidad de las cuentas públicas. Por eso, en un contexto de políticas constantes, el organismo proyecta que la deuda pública podría alcanzar el 123% del PIB en 2050.
Gil lleva meses relacionando ambas cuestiones. En uno de sus episodios de ‘Economía en Acción’ advertía a los más jóvenes de la necesidad de preparar con antelación su jubilación: «No penséis que los fondos públicos van a estar disponibles para dentro de 30 o 40 años. Ya no están, lo estamos financiando con deuda». Su planteamiento no es que las pensiones públicas vayan a desaparecer, sino que el aumento de la longevidad y la reducción relativa de cotizantes obligarán a buscar nuevas formas de financiar un gasto creciente.
En su opinión, el desequilibrio del sistema de pensiones debido al cambio demográfico es fácil de explicar: «Este modelo estaba creado para que usted muriese a los 75 y ahora resulta que viven hasta los 85, 90». Ahora, la mayor esperanza de vida, el aumento del gasto sanitario y una menor natalidad están obligando al Estado a complementar los recursos del sistema mediante transferencias presupuestarias.
El economista insistió en que el problema no puede analizarse únicamente desde el gasto en pensiones, pues actualmente defensa, sanidad, transición energética, infraestructuras y nuevas inversiones tecnológicas compiten por una capacidad de financiación limitada. «La forma de salir de este endeudamiento económico pasa por aumentar la productividad«, señaló apuntando a la inteligencia artificial como una de las posibles vías para elevar el crecimiento potencial.
A falta de un fuerte aumento de la productividad, Gil contempla la posibilidad de que las economías convivan durante más tiempo con una inflación superior a la de las décadas anteriores. «Dejar que la inflación se mueva en cotas del 3-4% durante más tiempo y deflactar la deuda. Deprecias el valor del dinero y también del endeudamiento«, dijo. Esa solución, según indicó, tiene un coste para los ahorradores y para quienes mantienen buena parte de su patrimonio en efectivo, depósitos o rentas que no evolucionan al mismo ritmo que los precios.
Gil sintetiza este efecto: «Cuando el Estado devuelve su deuda con una moneda que compra menos, la pérdida de poder adquisitivo no desaparece. Se traslada hacia quienes mantienen efectivo, depósitos, salarios o pensiones que no avanzan al mismo ritmo que los precios».
Su recomendación a los ciudadanos pasa por no esperar a los últimos años de la vida laboral para construir patrimonio. Sostiene que lo adecuado es empezar pronto, ahorrar de forma sistemática, invertir periódicamente y aprovechar el interés compuesto como complemento a la futura pensión pública. «No tengas miedo de que no haya dinero, porque ya no lo hay y se siguen pagando las pensiones», incidió en otra intervención reciente para subrayar que el debate debe centrarse en cómo se financiarán y qué capacidad adquisitiva ofrecerán en el futuro.
Durante la sesión del sábado, que arrancará a las 10.00 horas, Gil analizará el nuevo escenario económico y dedicará uno de los bloques a explicar cómo traslada su visión macroeconómica a inversiones reales, qué papel concede a cada activo y cómo gestiona el riesgo y la diversificación. El programa incluye asimismo debates sobre oro y plata, capital privado, vivienda, inteligencia artificial, fiscalidad, tokenización y nuevas infraestructuras financieras.
Gil considera que la dificultad actual no reside tanto en acceder a información como en identificar qué cambios tienen consecuencias duraderas. De ahí una de las ideas que vertebran el encuentro: no intentar adivinar el siguiente acontecimiento, sino comprender las fuerzas que ya están transformando la economía para tomar mejores decisiones antes de que sus efectos lleguen al patrimonio personal.