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La Pradera de San Isidro certifica el renacer del chulapo: «Somos de Carabanchel de toda la vida y hay que sentirse orgullosos»

A pesar de que la sombra de la lluvia haya aparecido un 15 de mayo más, aunque haya sido tímidamente, los madrileños no han fallado a su cita con la Pradera de San Isidro, ataviados con sus trajes de chulapos de toda la vida, o recién comprados. Porque lo que ya empezaba a ser un rumor, este viernes se ha confirmado: lo castizo está de moda, y no hay nada más castizo que el traje de chulapo. Así ha quedado demostrado desde bien temprano, ya que sobre las 12.00 horas, y a pesar del frío que ha acompañado la mañana, multitud de madrileños de todos los rincones subían la colina al ritmo del chotis y acompañados de los tradicionales cabezudos.

«Somos de Carabanchel de toda la vida, pero es el primer año que nos vestimos», aseguran Hugo, Borja e Izan, unos veinteañeros que este viernes han descubierto lo que es ponerse una parpusa y un clavel por primera vez. «Hay que rendir homenaje y sentirse orgullosos«, afirmaban, reivindicando la dignidad madrileña que ya empieza a aflorar en las nuevas generaciones. De hecho, los tres jóvenes ya adelantan que el año que viene volverán a vestirse de chulapos para «mantener la tradición».

Otro ejemplo de lo hondo que ha calado la festividad de San Isidro en los jóvenes es el de María, Valentina, Laura, Marta y Noelia, que llevan vistiéndose de chulapas desde que tienen uso de razón. «Este año se ha notado porque el año pasado iba yo sola en el Metro, y esta mañana todo el mundo iba vestido», cuenta una de ellas, mientras que otra añade que «en las redes sociales todo el mundo ha subido una foto de chulapo». Este grupo ha cambiado de escenario este año, dado que el año pasado fueron al Parque de las Vistillas por la tarde, pero este año han querido venir a la Pradera a pasar el día porque «hay mejor ambiente». Un ambiente que no se han querido perder ni aunque la lluvia amenazase con aguar la fiesta. «Llueve o truene, aquí nos quedamos que es San Isidro», han aclamado entre risas.

No muy lejos de ellas apareció el alcalde José Luis Martínez Almeida que, tras entregar las medallas en Cibeles, ha acudido a la habitual misa que se celebra en la Pradera. Una ocasión que al regidor le ha servido para darse un baño de masas de señoras chulapas que le pedían fotos, mientras que las más atrevidas le han estampado un beso en cada mejilla. «Viva el alcalde», se ha escuchado en más de una ocasión, unos vítores que se iban intercalando con aplausos. No obstante, tras acabar la liturgia, el alcalde ha cedido el protagonismo a los miles de madrileños que abarrotaban la colina.

Ya en el mediodía, alrededor de las 14.00 horas, las cabezas se precipitaban sobre los puestos de gallinejas y entresijos que copaban el paseo principal. El hambre apretaba, y tan sólo unos breves minutos de diluvio ha conseguido despejar un paseo que ha vuelto a llenarse de largas colas detrás de los puestos de rosquillas, paellas y patatas fritas. Por ahí andaban Marisa y Cristina, dos mujeres que han materializado por primera vez su deseo de lucir el traje de chulapas. «Teníamos muchas ganas, pero siempre nos costaba encontrar un buen traje, porque nosotras queríamos vestirnos bien», sostienen, al tiempo que confiesan que también es la primera vez que acuden a la Pradera el día de San Isidro.

Pero una de las estampas más bonitas la ha dejado Mario y Carlota, un matrimonio chulapo, con sus trajes de toda la vida bregados a lo largo de los años, que vestía a su hijo Tirso por primera vez con el atuendo madrileño. «Para nosotros es un día muy importante porque nos sentimos muy madrileños, ya que los dos somos gatos», han expresado. De hecho, nadie mejor que ellos aprecia ese fervor por lo castizo que parece instalado en el ideario madrileño actualmente. «Últimamente se está recuperando esa parte de la identidad de la ciudad que parece que se había perdido», celebra la pareja, que se despedía aclamando: «El Coachella está de capa caída mientras que cada vez nos sentimos más chulapos».

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