El impresionante museo subacuático de Marsella: una joya oculta en el mar con esculturas increíbles

En Europa se pueden visitar algunos de los mejores museos del mundo, como el del Louvre en París, el British en Londres o el del Prado en Madrid, pero sí se quiere explorar una colección única que no tiene comparación con ninguna otra en el continente, hay que viajar a una ciudad no muy lejos de España, en concreto a Marsella. En la urbe más grande del sur de Francia se acaba de ‘abrir’ uno de los museos más especiales del planeta, ya que no se encuentra en la superficie.
Hace apenas unas semanas, a finales del mes de septiembre, se inauguró el Museo Subático de Marsella, un impresionante despliegue escultórico que además de destacar por la belleza de sus obras, también lo hace por la ubicación de las mismas: se encuentran en el fondo del Mediterráneo, en la playa de Les Catalans. Los locales y turistas que pongan un pie en este arenal junto al Puerto Viejo ahora tienen la oportunidad de vivir una experiencia inolvidable a cinco metros bajo la superficie marina.
El nuevo e increíble Museo Subacuático de Marsella
El Museo Subacuático se ubica a unos 100 metros de la orilla de la citada playa marsella, y cuenta con una decena de esculturas impresionantes a cinco metros de profundidad, lo que crea un lugar único en Europa. Cada una de estas obras de arte ha sido esculpida por un artista diferente, y tienen como principal objetivo sensibilizar a todo el mundo sobre tanto la biología marina como el medioambiente.
Las estatuas están hechas a partir de cemento marino reciclado, lo que evita que tanga un impacto grande en el ecosistema submarino. Además, explorar este museo también permite la práctica de deportes acuáticos, como el snorkel y el submarinismo, ya que como es lógico, para poder ver de cerca estas espectaculares obras hay que sumergirse en las aguas turquesas del mar Mediterráneo.
Además de contemplar de cerca las extraordinarias esculturas, en el Museo Subacuático de Marsella también se podrá disfrutar de un amplio programa de actividades para que la experiencia sea aún más inmersiva. Desde luego, se trata de uno de los planes más especiales que se pueden hacer en la ciudad francesa, y si no se tiene talasofobia y se está en una buena forma física, es una gran opción para complementar la escapada.
Las visitas se realizan por libre y bajo la responsabilidad de cada uno de los usuarios, pero se recomienda ser capaz de nadar los 200 metros (entre ida y vuelta) que separan el museo de la playa, así como tener el equipamiento necesario para evitar sobresaltos. Por último, se aconseja comprobar antes de sumergirse las condiciones climatológicas para asegurarse de que no vaya a suceder ningún contratiempo.