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¡Un Mundial sin Benzema, Mané, Salah…!

Caminar ahora por Doha o hacerlo hace 12 años, cuando se anunció que el Mundial se jugaría allí, poco tiene que ver. El pequeño emirato situado en Oriente Medio ha sufrido una transformación que sólo el fútbol y el dinero son capaces de conseguir. De la nada se levantó una megalópolis al más puro estilo americano. Un jardín de rascacielos. Un edén de la construcción y el consumo, el lugar idóneo para que la FIFA llevase hasta allí su más preciado bien.

Se aderezó la revolución con siete estadios de nueva construcción y un octavo remodelado, el histórico Al Khalifa. Soportó Qatar todo tipo de presiones y dudas acerca de la limpieza de su elección. La mayoría de aquellos que decidieron que fuera sede no están hoy ya en la FIFA, ni siquiera su entonces presidente Joseph Blatter. Un informe posterior, el Informe García, fue encargado por la organización para esclarecer que no hubo compra de votos por parte de Qatar.

La mayor concesión en la historia de los Mundiales fue el cambio de calendario: del habitual verano europeo se pasó al tramo final del otoño. El motivo, las altísimas temperaturas en Qatar en fechas veraniegas; la consecuencia, el roto al calendario de las grandes ligas, paradas en la mitad y durante más de un mes.

El mundo anglosajón siempre miró con recelo a Qatar y le convirtió en el centro de sus críticas. Las pobres condiciones laborales de sus trabajadores han sido la espada de damocles. Las muertes en la construcción de los estadios se llevaron a los titulares. Hay una diferencia abismal entre las cifras dadas por los medios británicos y las que oficialmente comunica Qatar.

No sólo por ahí ha sufrido el emirato. Los derechos de las mujeres y de los colectivos menos favorecidos también le han costado fuertes críticas. En cualquier caso, el Mundial ha servido para que ponga más atención y mejore. Los informes de Naciones Unidas así lo atestiguan.

Más frescos que nunca

En ese río revuelto se presentan en Doha las 32 mejores selecciones del mundo, con permiso de Italia -la gran ausente-. Es un Mundial con muchos matices diferentes. Al ser en otoño los jugadores llegan más frescos y entonados que nunca. Además, todo se jugará en un radio como el de Madrid y su cinturón industrial.

Es decir, no hará falta coger vuelos internos para desplazarse a partidos ni cambiar de hotel en todo el torneo. Una comodidad que contrasta con la aglomeración masiva de equipos, delegaciones, aficionados y hasta periodistas. Serán 1,5 millones de turistas en un país en el que viven sólo 3.

Francia aterriza como campeona del mundo y Brasil, como favorita. Argentina está ilusionada en el último Mundial de Messi. También la joven España de Luis Enrique. Qatar ya está aquí.

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