Salud

«Muchas veces los niños que hacen ‘bullying’ son también víctimas que reproducen lo que han vivido»

Uno de los mayores temores que pueden sentir unos padres es descubrir que su hijo está siendo acosado en el colegio, que está siendo víctima de bullying. Lo que, en cambio, es más raro siquiera plantearse es que el propio retoño sea quien está haciendo pasar un infierno a otros.

Es comprensible que esto no quepa en la cabeza de muchos progenitores, que al fin y al cabo van a querer creer que su pequeño no es capaz de hacer daño a una mosca. Pero la situación es real, y a menudo hay una falta clara de información sobre la mejor manera de proceder en estos casos tan complejos.

«Se trata de ayudar a las víctimas»

«Siempre se pone el foco en la víctima, pero se olvida que muchas veces en el caso del acoso escolar quien lo hace también es víctima», argumenta a 20Minutos Lucía Granados Alós, Directora del Máster Universitario en Psicopedagogía de la Universidad Internacional de Valencia (VIU).

Precisamente, Granados formó parte recientemente del I Congreso Internacional para la Prevención de Problemas Emocionales y de Conducta en el Ámbito Escolar celebrado por la VIU, en el que se puso de manifiesto la importancia de que los niños y adolescentes cuenten con suficientes recursos para hacer frente a estas problemáticas y a otras relacionadas con la salud mental que les afectan.

«Por supuesto, se trata de ayudar a las víctimas», continúa, «pero igualmente hay que atender a estas situaciones porque estos niños muchas veces son víctimas también», explica.

«Tal y como se habló en el congreso, y como evidencian numerosos estudios, no hay una única causa por la que se cometen estos actos», desarrolla. «Pero muchas veces se debe a situaciones que han vivido previas. En estos casos los llamamos agresores-víctimas; cuando estos niños han sido víctimas de alguien y reproducen esas conductas victimizando a otras personas», señala.

«Los agresores hacen esto para sacar lo que llevan dentro»

El hogar es, en muchas de estas instancias, el primer sospechoso. «Puede ser porque en su familia haya tensión, o porque haya también problemas de conducta, violencia intrafamiliar… en estos casos, acosar es una manera de llamar la atención y de reproducir lo que el niño ha vivido en la escuela», dice Granados. «Cuando este es el caso, por supuesto que los agresores necesitan atención y que no les podemos dejar de lado», sentencia.

Aún así, puede resultar difícil comprender por qué un niño que ha sufrido estas situaciones puede querer reproducirlas en otras personas. Al respecto, la psicóloga explica que es «porque esta herida no se ha curado«.

«Es como una forma de sanar. Los agresores necesitan hacer esto como para sacar lo que llevan dentro y así sanar esa herida que no está curada», detalla la experta.

«Tienen a la víctima muy estudiada»

«Lo que pasa», señala Granados, «es que muchas veces los casos de acoso no consisten en palizas. Esto sería fácil porque es visible. Es más bien la gotita que va colmando el vaso: hoy te tiro el estuche, mañana te escondo la mochila, otro día te quito el bocadillo en el desayuno… y eso va creando un sentimiento de miedo y de inseguridad en la víctima».

«Así», expone, «ella se va haciendo cada vez más pequeña y el agresor cada vez más grande. Y además, este a menudo tiene público, tiene palmeros que de alguna forma aplauden y refuerzan esas conductas y le erigen en ‘líder’, lo que complica aún más las cosas».

«De hecho, para que se considere que hay acoso, tienen que darse tres características: no hay igualdad, hay un desequilibrio de poder entre la víctima y el acosador; se produce de manera reiterada en el tiempo; y hay una clara vocación de hacer daño», aduce.

«Es decir, que no es una cosa casual. Se tiene a la víctima muy medida y muy estudiada para ir a por ella», añade.

«Al final, los acosadores son un reflejo de nuestra sociedad»

Precisamente, estas conductas que describe la experta tienen su eco en las vivencias del acosador, razón por las que es especialmente peligroso no atender al motivo que está llevando al niño a hacer daño de esta manera a sus compañeros.

«Al final», apunta Granados, «estas personas son un reflejo de la sociedad. Si no se las atiende, luego lo van a continuar haciendo en su vida adulta: en el trabajo, con sus compañeros, en la unidad familiar, con la pareja que tengan… Es mucho más peligroso de lo que pensamos».

«No podemos conformarnos con pensar que son cosas de niños. Esto hay que erradicarlo: es hora de poner los puntos sobre las íes. Hay muchos casos, y por desgracia a menudo esto termina mal«, defiende.

«Muchas veces se silencia el acoso»

Como es lógico, estos mecanismos no son una manera sana de lidiar con ese problema que puede estar sufriendo el niño que, en el colegio, se convierte en victimario de sus iguales. Pero, para corregir este curso, es necesario actuar sobre él, y es aquí donde muchas veces suelen fallar quienes podrían hacerlo.

«Por supuesto, en el siglo XXI hay protocolos establecidos, hay unidades especializadas… Pero muchas veces sí que es verdad que se calla y se silencia el acoso por parte de la comunidad educativa en general», afirma la experta.

«Los centros no quieren tener mala fama, a la víctima no le interesa ninguna etiqueta, y muchas veces los padres prefieren cambiar al niño de centro y olvidarse de todo. Pero esta no es la solución. la solución pasa por que se dé a conocer, se pongan en marcha los mecanismos… y por que se atienda al agresor«, añade.

Para ello, destaca, es fundamental «que haya sensibilidad ante ello. Por parte de los equipos de la comunidad educativa: el personal, los directivos, la inspección educativa…»

«Los alumnos que no son acosados se convierten en espectadores y, por tanto, en cómplices»

«Es necesario parar ese círculo»

El siguiente paso, opina, es «trabajar la educación emocional con los niños. Una educación emocional que que muestre tolerancia cero con conductas agresivas o con conductas de burla y de acoso».

«Porque, muchas veces», continúa, «los alumnos que no son acosados se convierten en espectadores y, por tanto, en cómplices. Entonces, es bueno incluir, o de alguna manera hacer partícipe a todos los miembros de la comunidad educativa».

«Por eso hay que parar ese círculo, y desde la primera conducta mostrar tolerancia cero. Hay que ponerlo en conocimiento del personal inmediatamente para que se pueda hacer una actuación rápida».

Tal y como explica la experta, dicha actuación consiste en «una intervención psicopedagógica que proporcione a la víctima una reparación emocional, y que corrija la conducta en el agresor atendiendo al problema concreto que la está causando».

«El ciberacoso permite que el bullying dure 24 horas»

En esta línea, los estados europeos han venido en las últimas décadas sensibilizándose con esta cuestión y generando cada vez más recursos para atajar el problema. Y, aún así, en países como el nuestro todavía queda camino por hacer: «En España la cosa está mal», afirma rotundamente Granados. «Los centros educativos siguen sin querer que esto salga a la luz, porque es mala prensa sobre ellos».

La pandemia, además, ha resultado ser un arma de doble filo en lo que a la problemática del bullying respecta. «La pandemia ha hecho que se disparen los problemas emocionales de nuestros jóvenes», expresa. «La buena noticia es que nos ha sensibilizado a todos, con lo mal que lo hemos pasado, y se han puesto en marcha recursos, profesionales, herramientas… Y se ha empezado a hablar de esto sin tapujos, por ejemplo desde las universidades… En este sentido hay esperanza».

Pero por otro lado, comenta, «lo que hemos visto es más ciberacoso. El acoso se ha trasladado a las redes sociales y esto es más difícil todavía. Eso permite que el bullying continúe no solo cuando la víctima está en clase, sino durante 24 horas».

Con esta perspectiva, concluye, se hace imperativo actuar. «Se ha avanzado mucho, y existen protocolos, y existen profesionales cualificados, pero queda mucho por hacer. Y a pesar de que hay campañas, y de que la gente está más concienciada, todavía la sociedad no ha dicho basta», cree esta experta. «Y es cosa de todos».

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