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Más allá de Guiza: las otras pirámides de Egipto que debes conocer

La magia y el aura de misterio que desprende el Antiguo Egipto nos sigue fascinando a día de hoy. Una de sus máximas expresiones que ha llegado hasta la actualidad son las imponentes pirámides que se erigen en territorio egipcio. Estas colosales construcciones son el reflejo tanto de las avanzadas técnicas arquitectónicas como de la mentalidad religiosa de esa cultura, y es que se edificaron a modo de monumentos funerarios para acoger los restos mortales de los faraones y facilitar su ascensión a los cielos.

Pero al pensar en las pirámides de Egipto solamente nos vienen a la mente las famosas Pirámides de Guiza. Está claro que en un viaje al país norteafricano no pueden faltar en nuestro itinerario; sin embargo, muchas otras tumbas piramidales nos esperan en estas tierras, listas para ser exploradas como verdaderos arqueólogos.

Pirámide de Zoser

La pirámide de Zoser en una auténtica joya histórica. Esta imponente y gigantesca estructura ubicada en la antigua necrópolis de Saqqara es nada más y nada menos que la primera pirámide que se construyó en el mundo y forma parte de un complejo mortuorio construido para el rey Zoser, el primer faraón de la dinastía III, quien gobernó aproximadamente entre los años 2691 y 2625 a.C.

La forma escalonada de la pirámide responde al objetivo de Imhotep, su arquitecto, de construir una escalera para que el rey difunto ascendiera al cielo. Con seis niveles y 60 metros de altura, sus dimensiones resultan sobrecogedoras, al igual que su decoración interior, con las paredes forradas de azulejos azules. En Saqqara se pueden realizar otras visitas arqueológicas como a los jeroglíficos en los restos de la pirámide de Pepi I o al complejo de Abwab el-Qotat (traducido como «las puertas de los gatos»).

Pirámide Roja

Poco más de 7 kilómetros al sur de la Pirámide de Zoser, se alza la Pirámide Roja de Dahshur, con 104,40 metros de altura. En este caso, esta enorme cripta real fue construida por orden del faraón Seneferu, padre de Keops, para quien se levantó la Gran Pirámide de Guiza.

Tal y como nos adelanta su nombre, las piedras utilizadas en su estructura interior son de color rojizo, aunque lo más destacado es que fue el primer intento exitoso de levantar una pirámide de caras lisas. Además, su visita resulta muy atractiva, ya que se puede recorrer en su totalidad adentrándonos en sus entrañas por un pasillo angosto y empinado.

Pirámide Acodada

La Pirámide Acodada es vecina de la anterior, y es que las separan menos de dos kilómetros. Ambas tumbas comparten creador, ya que esta también fue mandada a construir por el faraón Seneferu. Su nombre se debe a la inclinación de sus cuatro caras, que se va haciendo cada vez más pronunciada a medida que aumenta la altura, es decir, que se dobla en forma de codo

En total, esta pirámide se eleva hasta los 105 metros y, en su momento, estaba cubierta por bloques de piedra caliza blanca que aún se conservan hasta los 49 metros de altura. Además, esta enorme tumba llevaba cerrada desde 1965, cuando empezaron unos trabajos de restauración tras los cuales se pudo abrir al público en 2019.

Pirámide de Meidum

Otra de las pirámides construidas bajo el reinado del faraón Seneferu es la de Meidum, una gran estructura que parece erigirse sola a los límites del desierto, junto la localidad de Fayún. La forman seis niveles y una cámara mortuoria elevada del suelo con muros en forma de bóveda, un sistema muy innovador utilizado por primera vez en esta construcción.

Los visitantes podrán acceder a los tres niveles superiores, que son lo que sobresalen de la arena, ya que el resto permanece oculto bajo la superficie. Según los arqueólogos, la pirámide fue construida alrededor del año 2600 a. C, durante el reinado de Huny, el último faraón de la dinastía III. Y lo que le hace más singular es que el recubrimiento exterior se derrumbó en la antigüedad y el núcleo interior que se conserva le da un aspecto único entre las otras pirámides egipcias.

Pirámide de Hawara

La Pirámide de Hawara se confunde con una simple elevación en el terreno, pero en realidad de trata de la tumba del rey Amenemhat III de la XII dinastía del Imperio Medio. Esta antigua tumba constituye el centro de la vasta necrópolis de Hawara y aunque en la actualidad su altura es de alrededor de 20 metros, originalmente alcanzaba los 58 metros.

En este caso, esta tumba real se empezó a erigir en el año 1814 a.C. Amenemhat III la mandó a levantar como su segunda pirámide y lugar final de enterramiento, después de que su primera pirámide tuviera que ser abandonada por sus defectos de construcción.

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