Cinco destinos ideales para los siguientes puentes de otoño

Si el primer puente del otoño te ha dejado con ganas de más o, directamente, pasó sin pena ni gloria porque no te dio tiempo a organizar nada, esto te interesa. Todavía quedan varias fechas señaladas en el calendario en las que merece la pena volver a pensar en una escapada.
En noviembre queda otro festivo (dos para quienes viven en Madrid) y diciembre mantiene el que es uno de los puentes más largos y esperados del año. Solo hace falta pensar qué te pide el cuerpo para esas fechas y elegir el destino que mejor encaje con el plan.
Picos de Europa, a la caza del paisaje otoñal
Si lo que apetece es cambiar el asfalto por montaña, respirar aire puro y regresar con una buena colección de postales otoñales en tu galería, esta zona de Asturias te lo pone muy fácil. En estas fechas, los bosques de hayas y robles empiezan a cambiar de color y las carreteras que atraviesan los valles se convierten casi en parte del plan.
El paseo que rodea los Lagos de Covadonga es uno de los grandes clásicos y permite disfrutar del paisaje sin complicarse demasiado, pero para muchos la ruta estrella del otoño es la Senda del Cares, conocida también como la Garganta Divina. Une Poncebos, en Asturias, con Caín, en León, a través de un espectacular desfiladero excavado entre paredes de roca.
Son unos 12 kilómetros de recorrido lineal (24 si se hace ida y vuelta) y, aunque exige estar acostumbrado a caminar, no presenta grandes dificultades técnicas. El otoño le sienta especialmente bien: bajan las aglomeraciones del verano, las temperaturas son más agradables para andar y el contraste entre la roca, el cauce del Cares y la vegetación convierte el recorrido en una de las excursiones más bonitas de estas fechas.
Salamanca, patrimonio de día y fiesta de noche
Con la vuelta de los estudiantes, una de las grandes ciudades castellanas recupera uno de sus mejores momentos del año. Vuelve a llenarse de ambiente y eso hace que una escapada combine dos planes que pocas veces encajan tan bien, primero recorrer uno de los cascos históricos más impresionantes de España para terminar alargando la noche lo que el cuerpo aguante.
La Plaza Mayor, las dos catedrales, la Universidad o la Casa de las Conchas son algunos de los imprescindibles, aunque el verdadero encanto de Salamanca es perderse por calles llenas de historias que te ayudan a viajar a otras épocas (incluida la tuya de estudiante).
Algarve, para quienes no quieren despedirse del verano
Mientras en otros destinos ya toca sacar el abrigo, en el sur de Portugal todavía hay días en los que apetece caminar por la playa, comer frente al mar e incluso recuperar el bañador. Las temperaturas siguen siendo suaves y todavía regala muchos días luminosos.
Es un buen momento para recorrer lugares como Lagos, Tavira o las playas de la Costa Vicentina con mucha más calma. Y aunque el baño nunca está garantizado en otoño, sí es posible navegar para poder saludar a los delfines que habitan cerca de la costa o admirar el curioso paisaje que forman las playas y los acantilados de la zona. Y si el tiempo acompaña, todavía se pueden hacer excursiones en barco para buscar delfines o recorrer desde el agua los acantilados y cuevas que han convertido esta costa en una de las más reconocibles de Europa.
Poza de la Sal, tranquilidad, chimenea y gastronomía
Para quienes buscan una escapada tranquila, con muchas historias detrás y mucho sabor a otoño, este pequeño pueblo del norte de Burgos es una opción perfecta. Ubicado en la comarca de La Bureba, entre llanuras abiertas y montañas que parecen abrazar la villa, Poza de la Sal fue el pueblo natal de Félix Rodríguez de la Fuente y conserva un casco histórico con muchísimo carácter.
Su pasado estuvo marcado durante siglos por la explotación de la sal, una actividad que trajo riqueza y todavía se recuerda en las antiguas salinas, que pueden visitarse. También habla de historia su castillo, levantado en lo alto y convertido durante siglos en testigo de batallas y tensiones que marcaron durante siglos esta parte de Castilla.
Pero buena parte del encanto está abajo, en el entramado de calles empedradas, estrechas y sinuosas que desembocan en plazas, soportales y antiguas casonas de piedra, algunas con varios siglos de historia. La Plaza Mayor funciona como corazón de la villa y desde ella salen callejuelas que invitan a recorrer el pueblo sin demasiada prisa. Para rematar el día nada mejor que una tarde junto a la chimenea y una mesa llena de productos locales (incluida, por supuesto, la sal).
Toulouse, la escapada más familiar
Un puente con niños no tiene por qué convertirse en una sucesión de parques infantiles. Toulouse permite combinar el encanto de una ciudad francesa con museos y espacios capaces de mantener entretenidos también a los más pequeños.
La Cité de l’Espace es uno de sus grandes argumentos, con cohetes, módulos espaciales y experiencias dedicadas a descubrir cómo se vive fuera de la Tierra. A ello se suma el museo Aeroscopia, perfecto para quienes sienten curiosidad por los aviones, o la Halle de la Machine, un espacio que primero abrió sus puertas en Nantes (con su famoso elefante gigante) y que tiene en Toulouse una segunda casa. Aquí el protagonista es Astérion el Minotauro, de unos catorce metros de altura y cuarenta y siete toneladas de peso, pero hay muchas más creaciones animadas que fascinan por igual a niños y mayores.
Y no nos podemos olvidar del centro histórico de la ciudad, fácil de reconocer por el ladrillo rosado con el que están construidos muchos de sus edificios o por el tono azul de sus contraventanas, que también tiene su propia historia. Un paseo por el Garona y una visita a sus mercados para probar la gastronomía local son planes que siempre apetecen a toda la familia.