| Sábado, 17 de Agosto de 2013

La obsesión del cine por las piernas femeninas

Buñuel no dudó en mostrar en repetidas películas su obsesión por las piernas de sus personajes femeninos

Las piernas eran puro objeto de deseo, una puerta abierta a un erotismo férreamente controlado en Hollywood

María José S. Mayo

“Las piernas de la mujer son misterios insondables, son compases que recorren la tierra en todas las direcciones, dándole equilibrio y armonía”. Quien habla es Bertrand Morand, el personaje protagonista de El amante del amor, pero quien realmente se expresa es el director y coguionista de la cinta François Truffaut, totalmente rendido a los encantos de esta parte de la anatomía femenina.

No fue el único. Luis Buñuel, Billy Wilder, Frank Capra o Josef von Stenberg dejaron para la posteridad numerosos planos en los que las piernas de la mujer eran tan protagonistas que hasta parecían quedar desligadas del cuerpo. Una manera de señalar su carácter de fetiche: pues la sola visión del objeto, de esa parte del cuerpo cosificada, provoca la excitación del que la contempla. Es una parafilia que, por cierto, tiene nombre: crurofilia.

Hace unos días se celebraban 30 años de la muerte de Buñuel, uno de los más grandes cineastas españoles. Él, que agradecía al catolicismo en el que fue educado el hecho de haber alimentado su morbo, no dudó en mostrar en repetidas películas su obsesión por las piernas de sus personajes femeninos, por no hablar de los pies, tema aparte en el que, como se sabe, Tarantino es todo un experto.

Su fijación por las piernas y pies femeninos dio muestras claras en trabajos como La edad de oro, Él (ese lavatorio de pies), Diario de una camarera (más centrada en los pies y zapatos que luce Jeanne Moreau) o Ensayo de un crimen (la pierna de madera), pero llegó a su punto culmen en Tristana, donde Catherine Deneuve, su protagonista femenina, pierde una de sus piernas y ha de empezar a utilizar una ortopédica.

Esta pierna artificial que se separa es la metáfora perfecta de la desmembración del cuerpo femenino que el universo audiovisual ha ido llevando a cabo. Una puerta abierta a un erotismo férreamente controlado por el Código Hays en la época dorada de Hollywood.

En Sucedió una noche, por ejemplo, eran todo un espectáculo los ingenios necesarios para sugerir la atracción entre los dos personajes protagonistas. Por lo pronto, el que interpretaba Claudette Colbert utilizaba la vieja argucia de la autoestopista: mostrar los encantos de sus piernas. Todo para deleite y sorpresa de Clark Gable.

Si se habla de piernas, las de Cyd Charisse eran leyenda y eso hacía que se sacase mucho partido de ellas en toda película en la que aparecía, algo que no era difícil ya que era una gran bailarina. Stanley Donen y Gene Kelly no dudaron en presentarla en Cantando bajo la lluvia con un plano que empezaba en su pierna, todo un reclamo para el protagonista.

Al igual que las de Charisse, las piernas de Marlene Dietrich se convirtieron en leyenda, gracias especialmente al mimo con el que Josef von Sternberg la retrató en sus películas y la convirtió en un mito que hizo que muchos otros cineastas quisieran contar con su aura en sus historias,pero sin que trminasen de aprovecharlo con la brillantez del cineasta alemán. Especialmente destacable es en El Ángel Azul, que la dio a conocer.

Billy Wilder dirigió a Dietrich en dos películas, Testigo de cargo y Berlín Occidente, y en ambas dedicó a sus extremidades inferiores un plano homenaje. Pero, para deleite de crurofílicos, donde el cineasta se explayó a gusto fue en Con faldas y a lo loco, llegando a una escena, la de la fiesta particular que se monta a bordo del tren, en la que las muestra amontonadas y sin dueño. También dio pruebas de que las de Tony Curtis y Jack Lemmon no tenían nada que envidiar a las de muchas otras actrices. Aunque sin dudarlo las que más protagonismo tuvieron fueron las medias con costura de Marilyn Monroe, lucidas en unas piernas que escapan del vapor que suelta el tren en la estación.

Marilyn, sin entrar en la lista de mejores piernas de Hollywood, tuvo muchas oportunidades para mostrarlas, pero especialmente recordada es su escena en La tentación vive arriba, en la que también un golpe de aire es la excusa perfecta para dirigir la cámara hacia ellas.

El cine italiano de posguerra no dudó en probar los encantos de actrices como Sofía Loren, Gina Lollobrigida o Silvana Mangano. Esta última lucía sus piernas de las más variadas maneras en Arroz amargo, dando vida a una de las trabajadoras en el cultivo y recolección de tan básico cereal.

Por último, se ha de recordar también la pierna de la señora Robinson, todo un clásico. Una parte del cuerpo que hacía que el graduado, que daba título a la película en cuestión, cayera rendido a sus ¿encantos?, además de un elemento icónico presente hasta en el cartel promocional. También las de Angie Dickinson en Rio Bravo, ante la mirada de John Wayne. Ellas muestran a una mujer fuerte que puede utilizar sus piernas no solo para seducir, sino para marcharse a donde quieran e imponer su voluntad.

María José S. Mayo

María José S. Mayo

Amo el cine. Quizá demasiado. Estos son mis principios; si no os gustan, tengo otros: los del acomodador.

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