| Miércoles, 7 de Agosto de 2013

La CIA en la sombra es un bluff

Stratfor parece una empresa misteriosa: no hay dos personas en el mundo que coincidan en qué es exactamente esta compañía de Texas.

Según Público y la prensa rusa, Stratfor es una CIA en la sombra, pero también una empresa que vende servicios de lobby para terceros.

Lo de Stratfor no es más que amarillismo en el terreno de la inteligencia geopolítica. Un hombre de paja para el antiamericanismo más simplón.

Home de la web de Stratfor.com
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Cristian Campos

Ayer recibí, como cada pocos días, un email promocional de Stratfor. Stratfor parece una empresa misteriosa: no hay dos personas en el mundo capaces de coincidir en qué hace exactamente esta gente. En realidad, Stratfor no tiene nada de misterioso. La única razón por la que es conocida más allá del pequeño círculo de sus clientes es porque hace aproximadamente un año un puñado de hackers de Anonymous entró en su base de datos y robó los correos de sus empleados y los datos bancarios de sus clientes. Wikileaks publicó algunos de esos correos confirmando que su interés era en el mejor de los casos anecdótico y aquí paz y después gloria.

Aunque averiguar qué es lo que hace exactamente Stratfor es tan fácil como entrar en su página web, nadie parece tenerlo demasiado claro. Según El País, Stratfor es un instituto de seguridad. Según el New York Times, una agencia de investigación. Según el Washington Post, una agencia de inteligencia global. Según Público y la prensa rusa, Stratfor es una CIA en la sombra, pero también una empresa que vende servicios de lobby para terceros. Los países árabes creen que es un submarino israelí en Washington. Otros califican a Stratfor de think tank. En este post de su blog Obamaworld, Jordi Pérez Colomé explica lo que es en realidad Stratfor:

“Stratfor busca información para sus suscriptores, como cualquier medio. Pero en lugar de hacerlo con métodos periodísticos, lo hace ‘por medios de inteligencia’. ¿Qué es? Tratar de conocer a gente bien colocada y pagarles por la información. Luego los analistas deciden qué es verdad y qué no y cómo encaja en la estrategia de cada país. A veces Stratfor trae algo interesante, dan buena información de fondo, pero no da más exclusivas que cualquier periódico. A menudo se equivoca”.  

Ahí lo tienen. Stratfor no es más que una empresa privada que vende a sus suscriptores, por poco más de 100 euros al año (esa es la última oferta que he recibido de ellos), informes sobre temas de política internacional, contraterrorismo y, en general, cualquier otro asunto que caiga dentro del terreno de la geopolítica y afecte a los EE UU. Ya les adelanto yo que por 100 euros al año no van a tener ustedes acceso a secretos de estado que puedan poner en riesgo la seguridad de los EE UU. Y si Stratfor dispone de esos secretos de estado dudo que se los envíe a sus suscriptores españoles. En el mejor de los casos les enviarán un libro de regalo por su suscripción y ya.

El director de Stratfor, George Friedman, es el autor, entre otros libros, de un ensayo de futurismo geoestratégico titulado Los próximos 100 años. Leído con benevolencia, Los próximos 100 años no es más que ciencia ficción con pretensiones de verosimilitud. Con señalar que vaticina una futura guerra de las galaxias con satélites destructores secretos orbitando la tierra y la transformación de México en potencia global capaz de invadir los EE UU está todo dicho. Lo lees mientras suena de fondo la banda sonora de Alexandre Desplat para Zero Dark Thirty (La noche más oscura) y el efecto es, como poco, narcóticamente bizarro.

El caso es que los informes de Stratfor, sin llegar a los niveles de delirio psicotrópico de Los próximos 100 años, suelen pecar de hiperbólicos. Como bien dice Jordi Pérez Colomé, Stratfor se equivoca a menudo. Básicamente, cada vez que cruza la línea que separa la información de la predicción. Otras muchas veces no dice nada que no pueda ser leído en los medios de prensa convencionales. Stratfor no es la única empresa con contactos entre los funcionarios de las agencias de inteligencia estadounidenses. Si yo fuera un funcionario indeterminado de una de esas agencias y quisiera filtrar determinada información con el objetivo X, no limitaría mis opciones a mis contactos en Stratfor. También acudiría al Wall Street Journal, al New York Times o a la revista Newsweek.

Lo cierto es que la política internacional es mucho más aburrida, rutinaria y, sobre todo, burocráticamente subterránea de lo que suele leerse en Stratfor. Lo de Stratfor no es más que una especie de amarillismo sutil en el terreno de la inteligencia geopolítica. Stratfor suele exagerar. Porque describir la hipotética y muy improbable incursión de centenares de Navy Seal en Irán con el objetivo de volar las instalaciones nucleares del régimen garantiza suscripciones. Muchas o pocas, pero en cualquier caso más que la narración con todo lujo de detalles de una soporífera reunión entre funcionarios de tercer nivel de la UE y los EE UU. Quizá por eso sus analistas suelen aparecer en los medios americanos dando su opinión, generalmente alarmista, sobre el tema del momento: Stratfor garantiza espectáculo. Hace una semana, por ejemplo, el vicepresidente de Stratfor, Fred Burton, mostraba su preocupación en la cadena Fox News por la noticia de que algunos militares de los EE UU habían colaborado como sicarios para los carteles de la droga mejicanos a cambio de dinero y droga. Mientras el presentador de Fox News dudaba de que la noticia de un par de soldados corruptos pudiera ser elevada a categoría, Burton insistía en que el peligro era creciente. Es su negocio. 

Así que calificar a Stratfor de “CIA en la sombra” no es menos exagerado que los propios informes de Stratfor. Definitivamente, los hombres de paja del antiamericanismo son cada vez más microscópicos.