| Domingo, 21 de Julio de 2013

Los indignados y el bien común

Daniel Cohn-Bendit

"Creo que este "bien común" es la gran aportación del movimiento de los indignados. Aristóteles, al que Heidegger consideraba que se le debía "la primera formulación de una antropología verdadera", hacía una clara distinción entre la cólera y la indignación. "La cólera es un deseo doloroso de vengarse públicamente de un desprecio manifestado públicamente hacia nosotros o con respecto a los nuestros, mientras que la indignación es la ausencia de todo interés personal y la sola consideración del prójimo". Esta ética del desinterés es admirable. Y alienta este movimiento que en 2011 se ha apoderado de todo el planeta, inmediatamente después del pequeño libro de mi amigo Stéphane Hessel.

En los Estados Unidos, Occupy Wall Street, con su eslogan "We are the 99%", señaló la distancia que no dejaba de crecer entre la inmensa mayoría de la población y el 1 por ciento de los que poseen lo esencial de las riquezas del mundo. En la Puerta del Sol de Madrid, los jóvenes españoles han reivindicado la democracia real, la democracia efectiva. Su referencia a la no-violencia para salir de la violencia era convincente. Responder con la no-violencia a la violencia que está royendo nuestras sociedades, incluido el mundo de los partidos, depende de una estrategia autónoma. Es necesario dejar de enfrentar la violencia de las fuerzas del orden a la violencia de los suburbios. Pero todavía hace falta saber inventar, tener el coraje de defender esta no-violencia.

Por otra parte, puntualizaría que este bien común no tiene nada que ver con lo que decía Eva Joly cuando hablaba de "república ejemplar" (...) El bien común es una noción poco clara porque te obliga a salir de la burbuja organizativa para ir a buscar la sociedad allí donde esté. Una política del bien común puede hacerse solamente si actúas no para los otros, pero con los otros. El bien común es la salud, la vivienda, el agua que hace falta aquí y no allí. Es la ocasión de volver a debatir lo que debe ser público y privado. El Estado no es siempre la mejor solución. Las empresas privadas dirigidas por leyes y que responden a un exigente pliego de condiciones pueden perfectamente actuar al servicio del bien común.

Quisiera en este punto volver brevemente al combate contra las nucleares llevado a cabo en Alemania y recordar cómo Los Verdes lo han ganado con toda la sociedad alemana. Los avances de Antonio Gramsci sobre la hegemonía cultural se aplican bien a este ejemplo. En efecto, Los Verdes alemanes primero debieron conquistar su hegemonía creando un pensamiento sobre los nuclear que ha "homogeneizado" poco a poco toda la sociedad alemana a pesar de las visiones divergentes sobre el tema.

Ese movimiento antinuclear da origen a Los Verdes. Entran en el Parlamento y suman a su causa a los socialdemócratas, que van a pisarles los talones para salir de lo nuclear. Cuando la derecha llega al poder con Angela Merkel, ella da marcha atrás. Pero, a raíz del accidente de la central nuclear japonesa de Fukushima, la sociedad alemana se reapropia del debate y es Merkel quien debe abandonar el discurso nuclear, a riesgo de perder la mayoría, las elecciones y el poder.

El combate de los indignados, a semejanza del combate contra lo nuclear, tiene la vocación, con su bien común, de ganar la mayoría de la sociedad".

 

Daniel Cohn-Bendit fue uno de los protagonistas de Mayo del 68. Desde 1994 es diputado en el Parlamento Europea y cofundador de Europe-Écologie. Las líneas precedentes corresponden al capítulo "Los indignados: una marea alta", de su libro "¿¡Contra los partidos políticos!?, de 'Indigène Editions', publicado en España por 'Los Libros de la catarata'