Sábado, 20 de Julio de 2013

¿Cuál es la mejor forma de hacer running en la playa?

En zapatillas o descalzos, por arena blanda o dura, por el paseo marítimo o sobre el asfalto... Entrenar durante el desplazamiento vacacional siempre plantea dudas.

Los jugadores del Parma en plena pretemporada en la playa / Getty
Los jugadores del Parma en plena pretemporada en la playa / Getty

"Quizás porqué mi niñez sigue jugando en tu playa..." cantaba Serrat a su Mediterráneo querido. La orilla del mar es un lugar mágico, que nos atrae y atrapa. Quienes vivimos lejos de poder contemplar el oleaje esperamos con ilusión el momento del encuentro y así aprovechar cada instante de la brisa marina sobre la piel. Nos gusta disfrutar de nuestras aficiones perdidos en el horizonte de las aguas.

Yo, como Serrat, amo este rinconcito, mi infancia y juventud están ligadas al Mediterráneo. Por eso entiendo que correr por la playa sea, para muchos, uno de esos placeres.

No os preocupéis si para muchos entrenar por la arena entraña un mar de dudas. Creo que a la mayoría en algún momento nos han asaltado incógnitas de las ventajas y desventajas de la carrera junto a las olas, y cómo realizarla. Las experiencias de unos en este terreno serán el aprendizaje y los futuros consejo para quienes lo prueben por primera vez.

Cuestiones a tener en cuenta

La primera incógnita que se nos plantea es si correr con zapatillas o descalzos. Si bien, la segunda opción pueda ser beneficiosa para fortalecer los pies y tobillos, este debe ser un entrenamiento progresivo y, a mi modo de ver, complementario, no siendo la parte principal de la sesión, pues nuestros tendones no están habituados a esta dinámica y pueden resentirse. Si tu entrenamiento va a consistir en un carrera continúa de cuarenta minutos, por ejemplo, mejor cálzate las zapatillas. Las conchas y posibles residuos cortantes que arrastra el oleaje son otro motivo por el que es preferible correr por la orilla con los pies protegidos y evitar exponer la piel a eventuales heridas.

Entrenamiento en la playa al atardecer / Getty
Entrenamiento en la playa al atardecer / Getty

La arena blanda o esquivar la espuma de las olas en su encuentro con la tierra, es otro de los posibles dilemas del corredor. Encontrar el lugar por el que dejar nuestras huellas va a depender del objetivo fundamental de nuestro entrenamiento. Para realizar una carrera continua, entre ambas opciones, es preferible hacerlo por el terreno más compacto, pues el blando va a resultar mucho más pesado a la par que inestable, consumiendo todas nuestras energías antes de alcanzar el tiempo previsto. Por el contrario, si se busca trabajar la fuerza mediante la carrera, la arena blanda o incluso adentrarnos en el mar hasta nuestros tobillos o rodillas, va a resultar el medio perfecto para desarrollar la fuerza específica a través de cortos y rápidos intervalos. De la misma manera que elegiremos la arena fina para realizar ejercicios de propiocepción y fortalecimiento de tobillos descalzos.

Pero no todas las playas son propicias para correr. La erosión que causa el mar en la orilla provoca, en muchos casos, una pequeña pero suficiente inclinación que desaconseja la carrera en dichas circunstancias, pues nos lleva a realizar una carga desigual en las articulaciones del tren inferior que puede desencadenar en lesión. Sin embargo, otras zonas marítimas tienen senderos de arena compacta que discurren paralelos al mar. Por ejemplo, de lo que yo conozco, algunos segmentos del camino de largo recorrido GR que perfila el Mediterráneo, en la zona de la costa catalana, son los escogidos por los runners de la zona para su entrenamiento.

Los jugadores del Parma entrenan sobre la arena de la playa / Getty
Los jugadores del Parma entrenan sobre la arena de la playa / Getty

La costa se rebela contra los runners. Si desestimamos correr por la arena por no encontrarla propicia por sus características o nuestras particularidades, buscar un terreno idóneo para la carrera no va a ser tarea fácil. Los paseos marítimos es otro de los lugares que los aficionados eligen para dejarse acariciar por la brisa cuando deslizan sus zancadas junto al mar. Y sin embargo, por mucho que nos guste recorrer el perímetro costero, la construcción del pavimento no invita a nuestras articulaciones a la práctica de la carrera. Por lo general, las baldosas que componen la superficie del paseo son de cerámica, un material mucho más duro comparativamente que el asfalto, de manera que opone mayor resistencia al impacto de nuestras articulaciones, es decir, más dañino y lesivo.

Desechado el paseo y la orilla del mar para el running, hay que buscar otras alternativas óptimas. A veces, lo más cómodo podría ser tomar un carril bici cercano, pero esa idea no resulta la más apropiada, dado que es la vía diseñada para el transitar sobre rudas. Si por necesidad imperante debemos ocupar dicha calzada, tendremos que hacerlo a sabiendas de la prioridad ciclista sobre nosotros, facilitando en la medida que este en nuestro alcance la circulación sobre ruedas, causando el menor trastorno posible.

Baja la marea y las playas del Cantábrico te incitan a la carrera, Laredo, por ejemplo, para mi tiene un encanto especial. O como ya cité en otra ocasión, el trayecto sinuoso del GR92 entre las localidades de Águilas y San Juan de los Terreros, te pierde entre cala e impide tus pasos, deseosos por descubrir un nuevo paisaje. Sea donde sea, disfruta de la playa a la carrera.

Tamara Sanfabio

Tamara Sanfabio

Campeona de España de Maratón en 2011, Récord Nacional de 2000 obstáculos y entrenadora personal.

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