Viernes, 5 de Julio de 2013

La redacción recomienda paracaidismo en Ocaña, bici en Formentera y la hora off

La redacción recomienda descargar adrenalina, recorrer Formentera en plan ciclista o simplemente dedicarte sesenta minutos a ti.

Paracaidista. / GETTY
Paracaidista. / GETTY

Salta al vacío

Mi recomendación de hoy es algo arriesgada y no apta para enfermos cardiacos ni embarazadas. Si eres un pelín aventurero y tienes ganas de descargar adenalina no lo pienses dos veces: ¡salta al vacío! (con paracaídas, por favor).

En mi caso las condiciones climatológicas de la primera intentona sí que me hicieron pensarlo dos veces. Era febrero y había reservado cita un par de semanas atrás. Cuando llegué a Ocaña, a la sede de SkyDive, había más nubes de las que aconsejan los expertos y eso me obligó a emplazar el salto. Así que la semana siguiente me planté allí como un clavo, dispuesta a saltar. Y, siento el spoiler, pero vaya si salté.

Pero lo más complicado no es dar el salto, sino el ritual previo al que hay que someterse: primero te pesan y te miden para saber cuál es el paracaídas más adecuado, después te dan un mono naranja bastante parecido al de Guantánamo que invita a que por tu mente pase una sensación seguramente parecida a la del corredor de la muerte. Algo así como "Ya está hecho, ya no hay marcha atrás, he pagado y llevo puesto un mono que no favorece nada para saltar desde un avión". Y esta es la peor parte sin duda, cuando caminas por la pista de aterrizaje hacia un avión. ¿Qué digo avión? ¡Eso era una especie de cuatrolatas con alas! He visto coches en Madrid más grandes que aquello. Pero los monitores son muy profesionales y te intentan calmar a base de bromas que, aunque no sean muy tranquilizadoras, sí te convencen de lo "divertido" que puede llegar a ser aquello... si sale bien.

Cuando la avioneta despega estás perdido, ya sí que no puedes hacer nada así que solo queda poner cara de valiente -aunque tu pulso sea peor que el de Michael J. Fox-. En fin, que llegas al cielo (literal, ¿eh?), un monitor se te engancha por detrás con el arnés y te da unas instrucciones que luego, por supuesto, se te olvida poner en práctica: "No mires abajo, cruza los brazos, saca todo el cuerpo de la puerta de la avioneta que yo te agarro, descruza los brazos..." Y de pronto te ves ahí, saltando al vacío, sintiendo un frío helador en la cara, atravesando nubes a velocidad de caída libre durante un minuto aproximadamente, hasta que el monitor, que sigue pegado a tu espalda (y menos mal), te indica que debes tirar de la anilla si no quieres acabar mal.

Es entonces cuando parece que el tiempo se para, se abre el paracaídas y tú respiras tranquilo, sabes que vas a vivir y solo piensas en la maravillosa sensación de libertad que te invade, disfrutas del paisaje desde la inmensidad. Una gozada, vamos.

Desde la apertura de la lona hasta tocar el suelo transcurren unos 4 o 5 minutos, y cuando llegas al suelo solo quieres repetir. Es una experiencia que cada vez que me vuelve a la mente provoca en mí una sensación que viaja entre los nervios y la felicidad. Es difícil de explicar, pero creo que es algo que todo el mundo debería hacer al menos una vez en la vida.

Rocío Huerta, redactora-jefe de Estilo de Vida

Ruta en bici por las playas de Formentera

Paseo en bici por Formentera. / GETTY
Paseo en bici por Formentera. / GETTY

Indecisos y rezagados, si aún no tienen plan para estas vacaciones, cierren los ojos. Imagínense disfrutando de algunos de los paisajes más impresionantes que hayan visto jamás.  Y ahora imagínese haciéndolo sobre dos ruedas, disfrutando del sol y del aire fresco en la cara. ¿Apetecible, no?

En Formentera podemos pasar un día entero moviéndonos en bicicleta parando para darnos un remojón o simplemente recrearnos con las vistas.

La ruta ciclista que propongo comienza en el puerto de La Savina hacia el este bordeando el Estany Pudent por el norte hasta llegar a la playa de Illetes, dejando atrás las salinas. Aguas turquesas y tranquilas, arena fina y probablemente la playa más bonita de la isla pitiusa. De ahí, parada obligada en la playa de Levante, donde sopla el viento y las olas son bastante más pronunciadas.

Al volver, pedaleamos dirección oeste oeste hacia Punta de Sa Pedrera pasando por el Estany del Pex, el  segundo lago de Formentera en el que uno también puede darse un chapuzón. Deshaciendo el camino andado valoramos si aún nos quedan fuerzas para descender hacia cala Saona y disfrutar de la puesta de sol  o visitar San Francesc, la capital,y tomar algo en una de sus terrazas.  Este último tramo es por carretera y, aunque hay carril bici durante todo el trayecto, la cuesta a la ida es pronunciada y puede hacerse algo duro. Como recompensa, la vuelta se hace ‘volando’.

Las bicis se pueden alquilar desde 5 euros el día por toda la isla.

Marta Ruiz, redactora de Estilo de Vida

La hora off

Leer en un parque. / GETTY
Leer en un parque. / GETTY

¿Vacaciones? Me gustaría conocer al que atribuyó al verano la etiqueta de vacaciones. Si eres de los que están trabajando en verano o de quienes son incapaces de desconectar te propongo un reto: la hora off (concepto rebautizado en esta redacción como “la hora pajillera”).

El término consiste en que desde que las dos manillas del reloj coincidan hasta que vuelva a suceder es un momento para ti. Aquí no hay recomendaciones, ni clichés, ni locales estupendos: haz lo que te dé la gana, te lo mereces. Ya sea dando rienda suelta a tus bajos instintos, a tu lado cocinero practicando para presentarte al próximo Masterchef o en el sofá vaciando la mente con uno de esos programas donde se pone a prueba la resistencia de la licra.

Sin embargo, ya que aquí hemos venido a hablar de cómo me toco yo las narices te recomiendo tres planes off:

1.    Un buen gintonic, una buena conversación y un abono transporte por si te pasas y no puedes conducir (que una hora da para que la ginebra merme).

2.    Un buen libro (te recomiendo las Travesuras de la Niña Mala de Vargas Llosa o el Arbol de la Ciencia de Pío Baroja), el parque Santander y una toalla para tomar el sol.

3.    Si eres tradicional una buena siesta, sin embargo, te recomiendo que te la eches en el césped, en el sofá o incluso en buena compañía. Eso sí, evita que te pase como a mí y te la acabes echando en el tren rumbo al trabajo.

Lo hagas como lo hagas, no te olvides de disfrutar de tu tiempo es tuyo (aunque a veces no lo parezca).

José David Pérez, redactor de Economía

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