| Viernes, 24 de Mayo de 2013

Moustaki, la solución para vivir

El periodista y poeta Jose María Noguerol homenajea al artista fallecido ayer, Georges Moustaki

Georges Moustaki en enero de 1981. / Gianni Ferrari (GETTY)
Georges Moustaki en enero de 1981. / Gianni Ferrari (GETTY)

Jose María Noguerol

Tengo encima de la mesa un ejemplar de una revista que se llamaba Mundo Joven, número 131, de 3 de abril de 1971. Precio, 20 pesetas. En primera, una llamada a un coleccionable de 128 páginas que entregaba entonces la publicación, “John Lennon lo cuenta todo. Beatles íntimos”. Un titular, “Salas de juventud: 18 años la frontera ¿por qué?” Y tres fotografías correspondientes a informaciones importantes del interior: “Marisol: 'Por un hijo, todo”. “Julio Iglesias: las únicas fotos desde México.”  Y, en el centro, una fotografía de un todavía moreno cantante francés, aunque ya con la barba entrecana: “Moustaki en Barcelona”. La revista la dirigía Luis Infante y en ella se encargaba de las cosas de la música un tal José María Íñigo.

Mundo Joven es, para nuestros ojos de hoy, muy naif, incluso ingenua. Pero a la edad que yo tenía entonces, doce años, suponía una ventana a la modernidad. Esa fue mi primera noticia de Moustaki, entonces empecé a escucharle, con la ventaja de mi francés de bachillerato, y nunca dejé de hacerlo. Después, el personaje, el autor, el trovador, el vate y el libertario, crecieron y me acompañaron siempre. Hoy se ha muerto, dicen las crónicas. En Mundo Joven aparecía fotografiado con un Paco Ibáñez muy joven, del que Moustaki decía, en el pie de foto, que era “alguien a quien quiero como amigo y como persona…”

No quiero escribir que con la muerte del cantante nacido en Alejandría se va una época. Creo, deseo, que empieza otra: la de escuchar sus canciones caricia más que nunca, la de enarbolar sus letras de apátrida e internacionalista. El entrevistador le pregunta –no aparece la firma- “Georges, ¿qué son para ti las mujeres?” “Puede parecer un poco banal lo que voy a decir: creo que son nuestro complemento; son tan importantes para el hombre que sin ellas no “seríamos” verdaderamente.” Y más: “¿Y qué me dices de la libertad? ¿Qué es para ti?” “Es la solución para vivir. Y hay mucha relación entre lo que decíamos de las  mujeres y la libertad, porque si uno ama es libre.”

Me consuela recordar ahora a mi primer Moustaki, al que encontré en Mundo Joven en medio de una España gris y triste, no sé si tanto como la de ahora. La última vez que le vi fue en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria, ya estaba mayor y cansado, pero cantó y bailó como nunca, y aún tuvo ganas de compartir cena, vestido de blanco de los pies a la cabeza, en un agradable mesón de la calle Mesa y López. Este Georges, que se llamaba así por otro Georges tan esencial como él, Brassens, estará siempre en el pequeño mundo nuevo que pretendemos llevar en nuestros corazones.

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