| Jueves, 2 de Mayo de 2013

La formación dual permite a Alemania reducir el paro juvenil en plena crisis

Los expertos aseguran que es un esquema difícilmente exportable a otros países

Un trabajador, durante su jornada laboral en una fábrica automovilística de Alemania / Getty
Un trabajador, durante su jornada laboral en una fábrica automovilística de Alemania / Getty

Salvador Martínez (Berlín)

Mientras que España y Grecia tienen a más de la mitad de sus jóvenes sin trabajo, en Alemania, pertenecer a este colectivo no es ni mucho menos sinónimo de desempleo. Según los últimos datos de Eurostat (correspondientes a marzo de este año), apenas un 7,6% de los jóvenes alemanes está en paro, un porcentaje que demuestra el éxito del sistema de formación dual germano, pero que también habla de la estable relación que mantienen los actores sociales y, cómo no, de la fortaleza económica alemana.

Austria o los Países Bajos también disponen de este régimen educativo dual, que instruye e introduce en el mercado de trabajo al mismo tiempo. Allí, el paro juvenil tampoco es un problema de gran magnitud. De hecho, Alemania y Austria son casos extraordinarios, pues se trata de los únicos países de la Unión Europea donde el desempleo de los jóvenes ha retrocedido en los últimos tres años.

La crisis global de 2008 y las turbulencias que atraviesa la zona euro no han cerrado en absoluto las puertas del mercado laboral a los jóvenes alemanes. En 2009, apenas hubo un repunte del 0,6% que situó el paro de este grupo de edad en un 11,2%. Posteriormente, esa cifra ha ido menguando hasta quedarse en el actual 7,6%. Mientras, Grecia y España lideran el ranking de países con menores de 25 años en paro, con unos porcentajes, respectivamente, del 59,1% y del 55,9%.

Anne Sonnet, economista en la OCDE, señala que en países como España, e incluso Francia, donde tradicionalmente se ha privilegiado la formación académica sin que haya en ella vínculos con el mundo profesional, “los jóvenes no están preparados para trabajar”. Ocurre lo contrario donde existe un arraigado sistema educativo dual. De ahí que, desde la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se haya loado que “en los casos de Austria y Alemania, este tipo de formación ha demostrado ser de gran éxito en la reducción del paro entre la gente joven”.

Estudian y trabajan

Lo de “dual” viene del hecho que en este sistema a los aprendices se les permite “entrar en el mundo laboral sin dejar de ir a clase”, según la definición de la ministra de Trabajo germana, Ursula von der Leyen. Al año, cerca de 1,5 millones jóvenes alemanes toman esta vía para iniciar su carrera profesional, lo que supone que dos de cada tres menores de 22 años que se apartan de la formación estrictamente académica eligen aprender un oficio.

Así, por ejemplo, el constructor de automóviles Daimler incorpora anualmente a sus filas 2.000 aprendices. Allí los jóvenes pasan tres años formándose, y no es raro que muchos se acaben integrando como mano de obra de la compañía. De media, el aprendiz cobra unos 700 euros, pagados entre la empresa y el Estado, aunque aún más importante que esto resulta que esta formación rompe definitivamente las barreras de acceso al mercado laboral.

El sistema dual “ofrece un largo periodo de tiempo en el que las empresas pueden conocer a sus empleados jóvenes, lo que ofrece a los responsables de contratación una buena visión de las cualidades y del potencial del aprendiz”, algo “que limita los riesgos al contratar a jóvenes trabajadores”, explica Hilmar Schneider, investigador del Instituto alemán para el Estudio del Trabajo (IZA, por sus siglas en alemán).

Un modelo difícilmente exportable

Ahora que los líderes europeos tienen como prioridad la lucha contra el paro juvenil, tarea que apremia especialmente a los responsables de los gobiernos cuyas economías se han visto más afectadas por la crisis, la formación dual se presenta a menudo como el modelo a seguir. No obstante, abundan las razones que llevan a pensar que este sistema no es exportable.

Para empezar, resulta crucial en el desarrollo de la formación dual la existencia de un importante tejido industrial. En el caso alemán, el Mittelstand, término por el que se conoce a la abundante red de compañías de manufacturas que sostiene a la potente industria exportadora germana, ocupa el 70% de la mano de obra. Millones de personas trabajan para estas pequeñas y medianas empresas.

Se precisa, además, que haya un especial buen entendimiento entre empresas y trabajadores porque, según Rolf von Luede, sociólogo de la Universidad de Hamburgo, “el sistema dual está creado por la cooperación entre los empresarios y los sindicatos”. No en todos los países europeos existe una tradicional capacidad de diálogo social comparable a la de Alemania.

También hay una dimensión cultural e histórica en la formación dual que no hay que obviar. Y es que “durante más de un siglo, los gobiernos en los que existe este aprendizaje, como Austria, Alemania y Suiza han buscado equilibrar la relación entre empresario y aprendiz”, apunta Hilary Steedman, investigadora de la London School of Economics.

En el mejor de los supuestos, la formación dual es una experiencia adaptable a las realidades de otros países europeos. Pero incluso en el caso de que un Estado decidiera importar íntegramente este sistema, “llevaría tiempo que trajera frutos, tanto en las empresas como en la economía del país”, estima Klaus Zimmermann, director del IZA.

Para él, “podría pasar una década o dos antes de que se vea el impacto” de una estrategia dedicada al empleo juvenil como la desarrollada en Alemania. Al igual que la austeridad sirve a Europa de tratamiento de fondo contra la crisis, la formación dual sólo puede verse como una solución a largo plazo, sobre todo, en los países que la acaban de descubrir.

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