| Lunes, 22 de Abril de 2013

Emprender: ¿don natural o habilidad adquirida?

Las escuelas para emprendedores son un fenómeno en auge, ante la cada vez mayor demanda de personas con voluntad de arrancar proyectos empresariales

El debate está servido: para algunos, el carácter emprendedor puede ser educado; otros, por el contrario, aseguran que es necesario tener materia prima

El emprendedor, ¿nace o se hace? / Getty
El emprendedor, ¿nace o se hace? / Getty

José David Pérez

La falta de espíritu emprendedor en España ha sido uno de los reproches más recurrentes desde que empezara la crisis y el paro aumentara exponencialmente. Esta carencia y la necesidad de escapar del desempleo por vías alternativas ha alentado una consigna, repetida hasta el hartazgo: toca emprender, emprender y emprender.

En este contexto, muchas escuelas de negocio empiezan a explotar el filón y venden sus bondades como maestros del emprendimiento. Pero, ¿se puede aprender a emprender?

El rol de las escuelas

Carmen Cuesta, de la Empresa Nacional de Innovación (Enisa), confirma que en España es necesario el refuerzo de la cultura de negocio. Y asegura que existen muchos recursos, desde cursos hasta másteres, para dar las herramientas pertinentes a todo aquel que tenga una idea innovadora.

Desde su experiencia, atestigua que existen emprendedores que desean ponerse manos a la obra sin la formación pertinente. "Y claro, cuando se encuentran, por ejemplo, con el formato de plan de empresa que exigimos se quedan a cuadros", dice.

Tanto para Sebastiàn Trivière-Casanovas, director de ESIE, como para Óscar Fuente, director de IEBS School, las escuelas de emprendedores aportan armas para enfrentar retos como éste, la confección del plan de negocio. Son centros con un rol muy decisivo: ofrecer herramientas que van desde la formación empresarial básica hasta el apoyo necesario para reconducir la idea de origen según criterios económicos. Además, a veces, facilitan el contacto con inversores que evalúan el atractivo de los proyectos.

Trivière establece tres tipos de emprendedores en potencia: los autónomos con ganas de innovar; aquellos que acaban de terminar los estudios y pretenden poner en práctica lo aprendido; y los desempleados que ven en el emprender una alternativa.

Fuente va más allá y asegura que "todos somos emprendedores". El experto considera que "es algo que está en nuestra naturaleza, pero lo olvidamos", y lo único necesario es un aliciente para dar el salto: puede ser la necesidad, las circunstancias o que alguien nos contagie la ilusión por un proyecto, afirma. Una escuela de emprendedores constituye la oportunidad perfecta para contagiarse de la ilusión de otros emprendedores en potencia y ponerse manos a la obra en la labor de emprender, o lo que es lo mismo, "de despertar al emprendedor que llevas dentro", asegura el director de IEBS School.

El entusiasmo es, precisamente, la clave del éxito para Trivière, que subraya que de él depende el 80% del triunfo. Tener una idea y capacidad para tornearla sin perder la ilusión, esa es la receta, según el experto.

¿Todos pueden?

Además de las escuelas de negocio, diversas asociaciones prestan ayuda a los emprendedores. La Unión de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (Uatae) es una de ellas. La secretaria general, María José Landaburu, no tiene duda de que sí es posible aprender a emprender.

Para eso, es imprescindible una formación ajustada. Es decir, no existe ninguna fórmula genérica que sirva para todos los emprendedores, ya que no es lo mismo el autoempleo que poner en marcha un negocio a gran escala, dice Landaburu. Un buen análisis del plan de negocios y el apoyo en los primeros pasos son muy recomendables, especifica.

La universalidad del emprendimiento, no obstante, no es unánime. Frente a todos los que aseguran que emprender está al alcance de cualquiera, existe otro parecer. Joana Sánchez, una emprendedora que afirma que funda una empresa cada año, es contundente: "Hay gente que nada más verla, sabes que no sirve para emprender". Emprender es, según Sánchez, sinónimo de fracaso y presión, dos situaciones que no todo el mundo puede afrontar.

Para esta catalana, si una persona tiene el valor para obtener enseñanzas del fracaso y la capacidad para trabajar bajo presión, aún le quedará aprender de la experiencia ajena, adquirir las capacidades necesarias y saber ver una oportunidad donde otros ven un problema.

Daniel Ruiz, que ya ha puesto en marcha seis negocios sin haber superado la treintena, recuerda que comenzó a emprender por necesidad, dado que por circunstancias familiares conoció lo que es pasar una mala racha económica. "Me comí los libros, preparé una FP de Comercio y Marketing y me puse a trabajar para conseguir el capital suficiente". "Porque para emprender lo que hace falta es dinero, además de una idea", apunta.

Otro caso es el de José María Alonso. Arrancó su empresa de mantenimiento tras años de experiencia en el sector. Cuando comenzó, y pese al entusiasmo, padeció en carne propia la falta de inversión. Ahora reconvertido en autónomo, afirma que los horarios de un emprendedor requieren mucha fuerza de voluntad y bromea diciendo que "si no quieres enfermar, monta tu propia empresa". Además, lamenta la falta de apoyos a los emprendedores.

Después de oír a unos y a otros, probablemente la conclusión es que ambos llevan razón. No existe una fórmula preestablecida para emprender con garantías. Tener olfato, capacidad de trabajo, herramientas sólidas... todas son cualidades recomendables.

José David Pérez

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