| Martes, 28 de Octubre de 2014

Cataluña, un problema español*

Manifestación independentista en la última Diada / Getty
Manifestación independentista en la última Diada / Getty

Bernardo Bayona

No perderé ni un minuto en atacar a los nacionalistas catalanes, pero si creemos que Cataluña es parte vital de España y España no puede ser sin Cataluña, no podemos quedarnos de brazos cruzados. ¿Por qué avanza el independentismo? ¿Cómo lograr que Cataluña deje de ser un problema para España?

El nacionalismo burgués era identitario cultural. En cambio, el soberanismo actual no lucha por la conservación de la identidad nacional, sino por el ejercicio del poder. El derecho a decidir no se centra en la identidad, sino que tiene como objetivo crear un nuevo Estado catalán y dejar de formar parte de España.

Ha quedado atrás la cultura política de resistencia nacionalista (capitaneada por Pujol), apoyada en un pasado mitificado (que no es compartido por la mayoría social). Estamos en otra fase. El actual proceso es de proyecto, de aspiración, de horizonte. Es la voluntad de decidir el futuro.

Claves para una solución: el reconocimiento de los hechos

La mayor parte de los conflictos políticos, y casi todas las derrotas, tienen que ver con el desconocimiento y el menosprecio del adversario. Porque solo puede llegar a ser canalizado y controlado democráticamente lo reconocido, nunca lo reprimido.

a) Es un hecho que España es un Estado plurinacional, con unos territorios que tienen lengua propia y el sentimiento y la voluntad de ser diferentes del resto de los españoles. Son minoría en el conjunto de España y nunca serán mayoría en España. Cataluña es uno de ellos.

Y, como España tiene una larga historia de dictadura y centralismo, la minoría catalana cree que la mayoría española restringe sus derechos.

b) Los independentistas no son mayoría

Hay más catalanes que, en mayor o menor medida, se sienten españoles. El CEO (Centro de Estudios de Opinión) de la propia Generalitat da que el 41% de los catalanes se sienten igualmente españoles; se perciben sólo catalanes el 27,4% y más catalanes que españoles el 21,6%. El resto, no llega al 10%, se siente español no catalán.

Con estas cifras, la independencia no ganaría un referéndum. Pero no se ha podido comprobar esa mayoría, porque no se ha planteado una votación con claridad y con garantías.

c) Los catalanes sí quieren decidir sobre su pertenencia a España

911 de los 947 ayuntamientos catalanes (el 96,2%), que representan el 88% de la población de Cataluña, aprobaron mociones de apoyo a la consulta soberanista del 9 de noviembre. Es otro hecho con el que hay que contar.

En las tres últimas diadas, los catalanes han reiterado cada vez con más fuerza su voluntad de decidir sobre su pertenencia a España. Y lo reclama la mayoría del Parlament. La sociedad catalana no se resigna ante la prohibición de la consulta y el proceso de desconexión de Catalunya es mucho más que una manifestación anual y ritual de malestar.Sin un reconocimiento de estos hechos, no habrá diálogo, ni solución política. Para restar apoyo a la independencia hay que hacer más atractivo para más catalanes estar en España que independizarse. ¿Cómo?

El conflicto territorial de España solo se puede resolver con debates claros, negociaciones sinceras y actores políticos con voluntad de acuerdo. El núcleo del conflicto es sobre qué derechos proteger y qué demandas atender para que una minoría no se vea como perdedora y no cuestione siempre la pertenencia de Cataluña a España. Y, al final, la solución exigirá que se pronuncien tanto los catalanes por separado como el pueblo español en su conjunto.

Una propuesta para un nuevo proyecto de país

1) La reforma de la Constitución

Si no se quiere alejar cada vez más a Cataluña de España, la salida es reformar la Constitución, con las necesarias actualizaciones del modelo autonómico general, en las que coinciden todos los expertos. Pero también incluyendo algún precepto relativo a Cataluña, reconociendo las especialidades institucionales de Cataluña y estableciendo su relación con el Estado. Ese precepto habilitaría para una autodeterminación regulada, como defienden autores tan poco sospechosos como Muñoz Machado, Pérez Royo o Antonio Elorza.

2) La celebración de un referéndum en Cataluña. Si el pueblo catalán desea votar para decidir su destino político, deberá hacerlo sobre algo concreto, claro, con garantías jurídicas y conciencia de sus efectos. Sería mejor poner a votación un texto, en vez de una pregunta. Podría ser un nuevo Estatuto, redactado en paralelo al acuerdo constitucional, para que no haya contradicción.

3) Referéndum de aprobación de la reforma constitucional.

Todos españoles votarían la reforma constitucional pactada. Pues toda reforma constitucional debe contar con la aprobación del sujeto constituyente, que es el pueblo soberano, es decir, todo el pueblo español. Es lo que se debería haber hecho cuando se inició la reforma del estatuto. Hemos perdido no solo una década, sino mucha confianza y cada vez resulta más difícil. Pero habrá que hacerlo si no queremos que las cosas vayan peor.

No es posible ahora, con una mayoría absoluta del PP y en vísperas electorales. Ni Rajoy ni los nacionalistas catalanes han querido dialogar, porque les interesa que el conflicto soberanista sea la agenda política y oscurezca los efectos de los recortes y de su injusta política, para que así no nos enteremos bien de lo que realmente estamos perdiendo. Si los independentistas crecen gracias a los portazos del Gobierno español, la derecha española de siempre apuesta a utilizar el enfrentamiento para aglutinar a media España contra la otra media. Es la dialéctica de los buenos y malos españoles. Desaparecida la violencia de ETA, la única posibilidad de seguir en el poder que tiene, es que el conflicto catalán se encone aún más.

Lo que se necesita, en cambio, para la convivencia de todos los españoles es hacer de España un proyecto de país que funcione, que añada valor, que atraiga, que merezca la pena pertenecer a él. Y eso requiere políticos con sentido de Estado, otro gobierno y profundas reformas institucionales.

(*) Este artículo es un amplio resumen de la intervención del autor en el debate organizado por la Fundación Bernardo Aladrén en Zaragoza el pasado 20 de octubre.

Bernardo Bayona

Bernardo Bayona

Es profesor de Filosofía y miembro de la Sociedad Española de Filosofía Medieval. Fue vicepresidente primero del Senado, senador, diputado y eurodiputado por el PSOE.

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