| Sábado, 6 de Abril de 2013

Masters de Augusta: la mística del golf perdura a pesar de los cambios

Todo preparado para el comienzo del primer Major del año, las entradas para el Masters pueden llegar a los 12.000 dólares

El incumplir de las normas establecidas por el Masters, conlleva la retirada inmediata de la entrada y la expulsión del campo

Horton Smith ganador de la primera edición del Maters de Augusta/ Getty
Horton Smith ganador de la primera edición del Maters de Augusta/ Getty

Carlos Palomo

No cabe ninguna duda de que estamos ante algo grande. Concretamente, en la víspera del primer Grande del año. El PGA Tour alberga este fin de semana el Valero Texas Open dentro de su circuito regular pero estos días, el mundo del golf gira ya, por fin, alrededor del Masters de Augusta. Incluso la mayoría de noticias que llegan desde Texas versan sobre la última posibilidad que se les presenta a varios jugadores de meterse en este Major reservado a solo unos pocos privilegiados.

Muchas razones hacen del Masters el torneo más especial del año. Debates aparte sobre si es este o el Open Championship el Major más importante de los cuatro que se disputan anualmente, nadie puede poner en duda el halo de misticismo que envuelve al Augusta National y el evento que acoge desde 1934, cuando apenas 70 jugadores fueron invitados al denominado Augusta National Invitational por el precursor del torneo, Bobby Jones.

Poco se parece esa edición inicial ganada por Horton Smith a la del año pasado en la que Bubba Watson se impuso a Louis Oosthuizen en playoff. Sin ser el torneo más lucrativo del mundo del golf, la victoria de Watson supuso al jugador unas ganancias de 1.440.000 dólares, una cantidad casi mil veces mayor a la conseguida por Smith como primer vencedor del Masters.

El campo también ha sufrido numerosos cambios a lo largo de su historia desde que fuera parido por el propio Bobby Jones y el arquitecto Alister MacKenzie. En esa primera edición de 1934 los nueve primeros hoyos son los que hoy en día conocemos como el tramo del 10 al 18 y viceversa. Además, el paso del tiempo en el Augusta National ha dejado otras modificaciones en forma de nuevos tipos de hierba en todo el campo, en la arena de los bunkers y supresión e incorporaciones de nuevos obstáculos. Todo esto, sin olvidar los metros que el recorrido ha ido ganando con el paso de los años acoplándose así al avance del material de golf con el que los jugadores consiguen cada vez  distancias mayores.

Con estas y otras variaciones, el campo se juega también de manera diferente. Cuenta Txema Olazábal (dos veces ganador del Masters en 1994 y 1999) en una entrevista a Ten-Golfque en una vuelta de prácticas, un ya veterano Arnold Palmer practicaba con un joven jugador y al llegar a la salida del hoyo 13, par 5 con dogleg de derecha a izquierda, este pegaba su salida apoyándose en la parte derecha de la calle antes de advertir a su compañero. "Yo a tu edad, jugaba por encima de los árboles de la izquierda". El joven recogía el guante, viendo cómo su perfecto drive sobrevolaba las copas de los árboles hasta que en el último momento una inoportuna rama se cruzaba en la trayectoria de su bola haciendo que esta acabara en el arroyo que recorre la parte izquierda del hoyo. Segundo intento y mismo resultado ante el cual la curiosidad se despertó en el damnificado. "¿De verdad, Arnold que antes tú pasabas por encima de esos pinos?". "Por supuesto... aunque en ese momento, esos árboles medían la mitad de altura".

Este hoyo 13, uno de los tres que conforman el temido 'Amen Corner' es uno de los pocos a los que los espectadores no tienen acceso completo debido al diseño del campo. Aun así, a los miles de aficionados que acuden año tras año en masa a ver en directo el espectáculo que supone el Masters de Augusta no les faltan alicientes para disfrutar del torneo. En este sentido llama la atención el respeto a las posiciones que ocupan los espectadores por parte del resto del público. Aquel aficionado que se presente a primera hora de la mañana en el campo con su silla y la plante en las inmediaciones de un hoyo habilitadas para el visionado del juego sabe perfectamente que puede levantarse de ella cuando quiera que su sitio estará a salvo.

Y es que quien acude a Augusta sabe perfectamente que hay unas normas que cumplir. A rajatabla. Durante la semana del Masters no está permitido que los espectadores pidan autógrafos más allá de la zona de prácticas y durante la competición de los Pares 3 del miércoles. No se puede llevar mochilas que sobrepasen las medidas especificadas ni se puede hacer uso de teléfonos móviles, radios o aparato electrónico cualquiera a partir del miércoles.

Ni los periodistas que cubren el torneo están exentos del cumplimiento de estas obligaciones en cuanto salen de la sala de prensa y son muchos los que tras viajar a Georgia han visto cómo un pequeño despiste en este sentido ha hecho que sus obligaciones laborales concluyan antes de lo previsto. Y de correr en cualquier parte del campo, ni hablamos. Que se lo digan al entrenador de Álvaro Quirós, Pepín Rivero, quien fue amenazado con ser expulsado por uno de los miembros de seguridad del campo al iniciar un suave trote para volver al lado de su pupilo tras ser requerido por algunos aficionados que le reconocieron.

Bubba Watson campeón de la temporada pasada del Masters de Augusta/ Getty
Bubba Watson campeón de la temporada pasada del Masters de Augusta/ Getty

Incumplir estas normas conlleva la retirada inmediata de la entrada y la expulsión del campo y con lo que cuesta conseguir los tickets para vivir in situ el Masters, merece la pena aprenderse de antemano lo que está permitido y no en el Augusta National. Las entradas para el Masters son hereditarias y es complicado hacerse con una de ellas de un año para otro. En 1972 se abrió una lista para el público que tuvo que cerrarse seis años después debido a la cantidad de peticiones recibidas. Hay quienes afirman que son las entradas más difíciles de conseguir de cualquier evento deportivo del mundo superando incluso a la Super Bowl.

El precio de las entradas

Desde el año pasado, hay una lista de espera en la que los aficionados se pueden apuntar para hacerse con alguna de las entradas que se quedan disponibles debido a fallecimientos de sus poseedores u otras razones. Las probabilidades de éxito son pocas pero mayores que años atrás, cuando estas directamente se retiraban de la circulación. Si no hay suerte, solo queda ponerse en contacto con un 'ticket broker', opción que de ser contemplada va unida a un gran desembolso de dinero. Desde los 1.500 dólares hasta los 12.000 que se han llegado a pagar por presenciar en vivo el Masters durante toda la semana.

Nadie dijo que fuera fácil acceder a este exclusivo club pero aquellos afortunados que lo han conseguido dicen que merece la pena. Incluso los defensores del Open Championship como torneo más importante del mundo del golf admiten y disfrutan de las peculiaridades del Masters. Y por fortuna, ya ha comenzado la cuenta atrás para, como cada año por estas fechas, volver a centrar las miradas en un pequeño pueblo de Georgia famoso en el mundo entero gracias al Masters de Augusta.

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