Martes, 26 de Noviembre de 2013

Un depredador sexual de manual

Manuel Joaquín Blanco García, ingeniero de sistemas de 58 años, acaba de ser condenado a 29 años de prisión por abusos sexuales a menores y pornografía infantil. Se convirtió en un Peter Pan del lado oscuro, organizando botellones a los chavales del barrio y creándose perfiles jóvenes en chat de Internet.

Operación de la Policía Nacional contra la pornografía infantil / Policía Nacional
Operación de la Policía Nacional contra la pornografía infantil / Policía Nacional

Manuel Joaquín Blanco García, ingeniero de sistemas de 58 años, ha sido condenado hace unos días por la Audiencia Provincial de Madrid a 29 años de prisión como autor de varios delitos, entre ellos abusos sexuales y pornografía infantil. Su caso es el de un depredador sexual de manual, un sádico, un cazador que buscaba por la red niñas de 12 años de las que acababa abusando mediante engaños. El apartado de hechos probados de la sentencia dictada ahora relata con todo detalle la cacería de Blanco a dos niñas, que siempre acababa con él y sus víctimas en una habitación de hotel, manteniendo relaciones sexuales a oscuras, para que las niñas no se enterasen de su edad real, ya que se hacía pasar por un apuesto joven de 17 años.

Su captura fue posible gracias al trabajo de un detective privado contratado por la familia de una de las víctimas de Blanco y de la Brigada de Investigación Tecnológica, que le detuvo en la Operación Tamo, después de que el investigador le identificase y pusiese en conocimiento de los agentes lo que había descubierto. La policía pensaba que Blanco solo había abusado de una menor, pero cuando revisaron su ordenador encontraron las pruebas de que había otra víctima más, otra niña, que siendo ya mayor de edad, denunció a Blanco cuando se enteró de su arresto. Además, el detenido conservaba más de mil conversaciones con menores a las que había intentado seducir.

Blanco, que residió en Estados Unidos durante muchos años, hizo una pequeña fortuna que le permitía dedicarse a los que más le gustaba: patrullar la red en busca de víctimas. El resto de su tiempo lo pasaba organizando botellones a los chavales de su barrio, convertido en un Peter Pan del lado oscuro, empeñado en disimular su edad con tintes de pelo, tatuajes y piercings. En la red se trasmutaba en malochico17, una identidad que acompañaba con un avatar de un atractivo adolescente y con la que hizo caer en sus redes a dos chicas, con las que contactó cuando ellas tenían 12 años a través de un chat.

La sentencia detalla todo el proceso de encantamiento del cazador a sus presas: el primer paso era enamorarlas con su falsa identidad y conseguir que le enviasen vídeos en actitudes sexuales muy explícitas, que él conservaba en su ordenador. Después, y siempre que hubiesen cumplido los 13 años, las convencía para mantener románticas citas en hoteles. Él las esperaba en la habitación y nunca les dejaba encender la luz para que siguiesen pensando que su príncipe azul eran un apuesto chaval de 17 años. Blanco mantuvo relaciones sexuales completas con sus dos víctimas en varias ocasiones. 

Las dos se dieron cuenta del engaño tras varios encuentros y ahí comenzó su verdadero calvario, un horror que la sentencia de la Audiencia Provincial explica perfectamente. El condenado, cuando las chicas quisieron dejarle, las extorsionó, se hizo con el control de sus cuentas de correo electrónico, las amenazó con difundir los vídeos sexuales que tenía de ellas: los que le habían mandado las chicas y los que él había grabado durante sus encuentros. Cuando Blanco dio todo por perdido, consumó su amenaza con una de sus víctimas: envió a sus padres y a varios de sus amigos un vídeo en el que ella aparecía manteniendo relaciones sexuales con él, aunque, naturalmente, evitó mostrar su rostro. Sobrecoge leer las secuelas que le quedaron a una de las víctimas de este depredador: perdió 20 kilos, tuvo que cambiar de colegio y continúa en un tratamiento psicológico que el fallo estima que se prolongará durante cinco años. Según la sentencia, convirtió a la menor "en un objeto sexual".

Los abogados del procesado trataron por todos los medios de tirar abajo el procedimiento, planteando cuestiones de nulidad, de vulneración de derechos e incluso acusando a la policía de actuar por motivos espurios a la hora de facilitar la información sobre la detención del depredador. Pese al buen trabajo de su defensa y a que él mantuvo que las relaciones sexuales eran consentidas por las chicas y que él alegó desconocer la edad real de las menores, el tribunal le condenó a 29 años de cárcel. Quizás, el hecho de que en su ordenador guardase el artículo del Código Penal que fija la edad mínima de consentimiento sexual en los trece años, influyó en el ánimo de la sala. Blanco siempre esperaba a que las niñas llegasen a esa edad para mantener sus románticos encuentros. 

Manuel Marlasca

Manuel Marlasca

Reportero. Me crecieron primero los dientes y luego las canas entre redacciones, brigadas, comisarías y comandancias. Jefe de Investigación de La Sexta y colaborador de Antena 3 y Onda Cero.

http://www.manuelmarlasca.com

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